“A la prensa tunecina ya puedes escurrirla, que no saldrá agua”

14 Jan

  

Un artista tunecino residente en Barcelona reflexiona sobre la falta de libertades políticas y los problemas sociales que han originado las protestas populares en su país.

 

Mohamed Ben Soltane estuvo a punto de suspender la inauguración de su primera exposición en Barcelona al coincidir con el estallido de las violentas revueltas en su país, Túnez. Pero, en el último momento, este joven artista tunecino decidió que lo más apropiado era aprovechar la oportunidad para conocer mejor algunos de los problemas sociales que han llevado a miles de compatriotas a protestar en contra del régimen autoritario del presidente Ben Ali.  

“Los tunecinos se han rebelado porque no tienen trabajo y, sobretodo, porque están hartos de tanta corrupción”, explica Mohamed en un español fluido, con ligero acento francés. El artista, de 34 años, y una de las figuras más

Mohamed Ben Soltane frente a una de sus obras, una reflexión sobre la falta de libertad de prensa en Túnez

prometedoras de la escena creativa contemporánea tunecina, ha estado viviendo tres meses en Barcelona gracias a un programa de intercambio cultural organizado por la asociación JISER Reflexions Mediterrànies. Algunas de sus obras más recientes, inspiradas en la realidad social de su país, estarán expuestas en el Centre Cívic Fort Pienc de Barcelona hasta el próximo 12 de febrero.  

Una de ellas,  El artista y el emigrante (2010), es un cómic protagonizado por un vendedor ambulante llamado Oussema, que se halla desesperado porque la policía le ha confiscado la mercancía y no sabe cómo va a ganarse la vida. “Los tunecinos ya están harta de los abusos de poder de las autoridades”, explica Mohamed frente a sus dibujos, donde mezcla la caricatura y el cómic para lograr un toque infantil. Mientras deambula por una playa de las afueras de Túnez, Oussema topa con un artista, que le sugiere ir al consulado de Francia y pedir un visado para emigrar allí. Imposible. “En mi pasaporte ya no queda sitio para otro sello de rechazo”, le contesta Oussema.

La crisis económica y el aumento del paro en Europa durante los últimos dos años han puesto todavía más trabas a la tradicional válvula de escape de la población del norte de África: emigrar.

“Francia ya no quiere dar visados a gente con formación, como ingenieros, médicos o arquitectos. Y ahora estos jóvenes con estudios que tanto dinero han costado al Estado no encuentran trabajo en nuestro país”,   explica Mohamed, sin exaltarse. La historia de Oussema tiene mucho que ver con el estallido de las revueltas  populares en Túnez. La chispa que sacó a la gente a la calle fue el hecho de que un vendedor de 23 años llamado Mohamed Bouazizi decidiese  quemarse a lo bonzo en señal de desesperación, después de que la policía le confiscase la mercancía. Buoazizi era un chico con estudios, forzado a hacer de vendedor ilegal para sobrevivir porque no encontraba empleo ni podía emigrar. De hecho, los tunecinos también utilizan la palabra  “Hariqa” – quemarse – para referirse a los inmigrantes ilegales, los “sin papeles”,  recuerda Ben Soltane.

La muerte de Bouazizi, el pasado 17 de diciembre,  ha sacado a relucir el malestar de los tunecinos ante un gobierno  autoritario que no ha sido capaz de generar nuevas oportunidades económicas ni limitar las crecientes diferencias entre ricos y pobres. Desde entonces,  han muerto al menos una cincuentena de personas en los enfrentamientos entre los protestantes y las fuerzas del orden, según las Ongs y asociaciones civiles en Túnez.  

“La mayoría de las protestas han tenido lugar en las regiones pobres del interior, que no han podido beneficiarse del turismo como en la costa”,  comenta Mohamed. Sus mejillas blancas y sonrosadas tienen poco que ver con los rostros morenos y curtidos de los manifestantes que aparecen en la televisión. Este joven artista forma parte de una nueva generación de tunecinos urbanitas, con nivel educativo alto, que exigen la introducción de mayores libertades políticas y acabar con la corrupción, tras 20 años bajo el gobierno de mano dura de Ben Ali. 

“No pedimos ayuda a Europa, sino tan solo que no nos perjudique, y que cumpla con los principios que ella misma pregona y defiende”, escribe Mohamed en el pequeño panfleto que acompaña la exposición. Los tunecinos lamentan que EEUU y la UE hayan apoyado el régimen autoritario de Ben Ali a cambio de que éste garantice el suministro de gas y petróleo y mantenga a raya el islamismo radical. “No se dan cuenta de que en otros países, la desesperación de los jóvenes es aprovechada a favor de los intereses de los islamistas”, añade Mohamed.  

La falta de libertad de expresión y de prensa es otro de los temas que más preocupan al artista. Uno de sus trabajos más recientes es una instalación compuesta por cinco periódicos locales colgados del techo sobre cinco cubos vacíos. “A la prensa tunecina ya puedes escurrirla, que no saldrá agua”, bromea Mohamed.

En sus obras no falta la ironía. Tras descartar la opción de lograr un visado de trabajo, el artista sugiere a Oussema que se haga pasar por creativo para que el consulado francés le incluya dentro de su “programa de inmigración selectiva”. Al llegar a la entrevista, la cónsul sólo se interesa por saber si Oussema ha realizado obras de arte relacionadas con mujeres maltratadas. 

El artista y el emigrante, 2010 (fragmento), cómic de Mohamed Ben Soltane

“En Occidente prevalecen las visiones estereotipadas sobre  mundo árabe.  ¿Por qué se supone que un artista árabe debe hablar siempre sobre el velo o la violencia contra las mujeres?”, dice Ben Soltane, a quién le queda menos de una semana para regresar a su país. Su estancia en Barcelona ha durado sólo tres meses, el máximo permitido con un visado de turista.

 “Conseguir un visado de estudiante hubiese sido mucho más difícil”, explica Xavier de Luca, presidente de JISER, la asociación que ha organizado la residencia de Ben Soltane en Barcelona. También hay que tener en cuenta que contaban con un presupuesto de sólo 1500 euros, financiados por el Arab Tunisian Bank. Ningún banco español contactado por JISER mostró interés en financiar el programa, asegura De Luca. Este joven historiador del arte de Lleida decidió fundar JISER (que en árabe significa “puente” ) en 2004, tras participar en un festival de cine en Túnez.  Su objetivo es fomentar el diálogo entre la Europa mediterránea y el Magreb a través del arte y la cultura. “En Barcelona he podido comprobar que somos pueblos muy cercanos, que existe una identidad común mediterránea”, concluye Mohamed.

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http://www.mohamedbensoltane.com/

 http://jiser.org/

http://universes-in-universe.org/eng/nafas

http://www.cimettafund.org/EN/index.lasso

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