Burekas y sudaneses en la calle Levinski

Hace cinco días que he regresado de Israel y hoy es el primero sin fiebre ni dolor de huesos. Celebrar el “shabat”  en un ático de lujo del centro de Tel Aviv con el aire acondicionado a toda castaña  tuvo la culpa de mi primer trancazo grave

africanos en Tel Aviv, cerca de la calle Levinsky

en dos años.  Para un ser débil como yo, acostumbrado a no salir de mi circuito habitación-cocina-sofá, tener el cuerpo a 37,2ºC es motivo de inestabilidad e incluso delirios mentales.  Quedé inutilizada para escribir mi último post, en el que quería hablar sobre la elevada presencia de africanos ilegales que hay en Tel Aviv. El  tema lo ha dado hoy el corresponsal en Israel de  La Vanguardia. Y si lo da la Biblia,  es que es importante, así que hago un esfuerzo y escribo lo que tenía pendiente.

En los barrios modestos del sur de Tel Aviv  se han instalado en los últimos años centenares de inmigrantes africanos, la mayoría de los países de la costa este,  como Sud Sudan, Eritrea o Etiopía. Algunos son refugiados políticos, otros escapan de la hambruna y la miseria de sus países. Llegan a Israel a través de la frontera con Egipto, después de semanas cruzando el desierto en condiciones extremas.  Al llegar a Israel son retenidos en campos de refugiados  custodiados por las autoridades hebreas, en medio del desierto del Sinaí. Muchos piden asilo como  “refugiados políticos”, por lo que el gobierno israelí no puede echarles, me explica un abogado y ex político del ministerio del Interior israelí.  Él y esposa, un matrimonio adorable, conocidos de mi padre, me llevaron a almorzar el sábado pasado  a un restaurante de moda de la calle Ben Yehuda, el Shila.

Mientras me zampo una lubina al horno acompañada de un rissotto de espárragos y una copa de vino de Canaan , me explican que el número de africanos ilegales se ha disparado y el gobierno israelí no sabe cómo frenarlo.

emigrantes africanos cerca de la antigua estación de autobuses, Tel Aviv

Oficialmente, el número de emigrantes africanos es de 60.558, pero se cree que la cifra alcanza los 90.000, informa el corresponsal de La Vanguardia.  Israel ha endurecido las medidas para evitar la entrada de refugiados, negando permisos de asilo y poniendo en marcha una política de incentivación a la “deportación”: ofreciendo dinero y comida a los que acepten volver a su país. ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, ,ha denunciado que de las 4.603 nuevas solicitudes de asilo recibidas a lo largo de este año, Israel ha rechazado 3.692 Hay más de 6.412 casos pendientes de resolución. Las ongs denuncian las condiciones de los refugiados en los campos de detención en el desierto del Neguev.

El aumento de la delincuencia en los barrios donde residen los africanos ilegales es lo que más preocupa en estos momentos a los ciudadanos de Tel Aviv.  El matrimonio se queda  alucinado cuando les explico que el día anterior estuve paseando sola  sin miedo por las callejuelas cercanas a la Antigua Estación de autobuses, corazón de “Little Africa”, donde viven la mayoría de emigrantes, desde africanos ilegales a cuidadores de abuelos filipinos, prostitutas rusas y trabajadores de la construcción árabes.

“¿Y no has tenido miedo?”, me preguntan. Les digo que no. En “Little Africa” todo me pareció muy tranquilo, Es cierto que se trata de barriadas humildes en comparación al resto de Tel Aviv. Pero está lejos de ser un “slum” de Bombay, una favela de Río o incuso un barrio pobre de Chicago,  Los Angeles. Me imagino que pasaría si dejase al matrimonio paseando solos por el Raval o Poble Sec de Barcelona. Se morirían de miedo. Es lo que tiene vivir aislado en esta burbuja ficticia llamada Tel Aviv.  De hecho, lo que tendría que preocuparles es el auge de lasa agresiones racistas contra los africanos por parte de grupos xenófobos israelís, como ha sucedido esta semana. http://www.haaretz.com/opinion/israelis-must-shun-racism-not-african-migrants-1.432591

Después de un agradable paseo por la calle Levinski, una de las arterias más animadas de “Little Africa” de Tel Aviv, mi conclusión es que de momento parecen incidentes puntuales. El  viernes por la mañana es  día de mercado en Levinski.  El olor a especias y pan recién cocido invade cada rincón del barrio, donde conviven africanos, israelís alternativos, filipinos  y comerciantes ortodoxos de clase humilde.  En los bajos de los edificios en mal estado se alternan las lavanderías para inmigrantes, peluquerías donde las mujeres negras se trenzan el pelo, colmados árabes que ofrecen baklawas y frutos secos y cafés bohemios para que los pijos se tomen una limonada cono menta antes de regresar en bici a casa.

puesto de burekas en la calle Levinski, Tel Aviv

En la calle Levinski he descubierto lo que son las burekas, una pasta de hojaldre rellena, típica de los emigrantes judíos de los Balkanes.Mientras me como una rellena de espinacas y queso fresco, se me ha cruzado un tipo en bañador y hawaiannas, y una metralleta colgando a la espalda.  ¿Un agente de seguridad camuflado?    No me ha quedado claro. Al menos no ha disparado. Entre tanto inmigrante y bazar todo a cien, busco algún chino. “En Israel no hay chinos”, me han dicho ya centenares de veces. Es la primera ciudad del mundo en la que estoy donde no hay chinos.

barrio humilde para emigrantes, en el sur de Tel Aviv
ortodoxo frente a un escaparate de bicis en la calle Levinski, Tel Aviv

One thought on “Burekas y sudaneses en la calle Levinski

  1. Restaurante italiano en Tel Aviv October 8, 2014 / 10:35 am

    Un hermoso lugar para ir en buena compañía, les deseo unas felices fiestas y buena diversión. De ahora en adelante voy a seguirte también🙂

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