Chamochela

Es domingo, pasan la una de la tarde y buena parte de la capital mexicana  todavía se está desperezando. La noche en DF es larga, especialmente gracias a la generosa circulación de chelas, tequilas y mezcales, que aquí se piden a la vez. También hay quien pide micheladas, cerveza helada con jugo de limón, servida en una jarra con sal en el borde, al estilo margarita. Otra opción es echarle a la michelada una pasta dulce hecha a base de chiles, fruta seca y vinagre, que se llama chamoy. El resultado de tal marranada es la chamochela.

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nuestra amiga MArian Ruzzi degustando una chamochela

Resacosa y todavía afectada por el jet lag, paseo por las calles de Condesa y la Roma, las colonias más trendy de la ciudad. El parque España y el parque Mexico están llenos de mamás acompañadas de niñeras uniformadas controlando que los más pequeños no se caigan de los columpios. También hay jóvenes paseando perros de raza o saboreando un jugo natural en una terraza.  Al  ver una parada de Ecobicing tengo una especie de fashback: ¿estoy en Barcelona? El ecobicing es idéntico  a nuestro bicing. Por la presencia de tanta niñera podría pensar que estoy en el turó park,   pero esto es más pijobohemio.  La Roma y la Condesa tienen más de Penzlauerberg o del East village, que de Sarriá o Pedralbes. Este último tendría su equivalente en la colonia Polanco, pero multiplicado por diez.
Me detengo en el 185 de la calle Queretaro, muy cerca de la avenida Alvaro Obregón, arteria principal de la ROma. Una puerta de hierro entreabierta  me permite descubrir un precioso patio interior, recubierto de baldosas, con murales a cada lado. El patio da acceso a diferentes departamentos, donde los vecinos duermen. El único sonido que se escucha es el de una  mujer escurriendo la fregona. Hay banderines con los colores mexicanos colgados de las ventanas, sumándose al delicado azulamarillo de la cerámica pintada.

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bloque de departamentos antiguo en la Roma

En la avenida Álvaro Obregón hay un mercadillo permanente, en el que venden bisutería, ropa, artesanías y fritanga varia. Los tenderetes se instalan en el camellón, como llaman aquí al paseo arbolado en el centro de una avenida, lo que sería una Rambla. La palabra camellón desconcierta un poco. “Camellón” e “ir pacheco”(ir fumado) son mis motes mexicanos preferidos.
Paso la tarde en la cafebrería El Péndulo, una librería de tres pisos ubicada en una antigua mansión dr color rojo, del siglo pasado. En el tejado hay una terraza muy agradable, donde me instalo a comer un sandwich rebosante de queso y nada saludable, y me leo de un tirón Papeles Falsos, una delicia de libro, de la autora mexicana Valeria Luiselli. Se trata de una especie de ensayo libre, en el que la autora reflexiona sobre su vida y la de algunos escritores famosos, a la vez que pasea por las calles de la Roma: Chihuahua, Zacatecas, Colima, Tabasco… “A medida que uno va pasando noches en casas distintas-recámaras, pensiones, hoteles, cuartos prestados, camas compartidas-, conoce un poco más y tal vez más profundamente su intimidad”, escribe Luiselli. Por fin alguien reconoce lo bueno de ser una homeless, como yo.

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mamá pija acompañada de niñera en el parque mexico

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perritos y ecobicing en la condesa
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cartel cachondo

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