Soy la hermana de un koala de Australia

ImageNo es fácil escribir la crítica de un concierto cuando la cantante de turno es tu hermana pequeña, esa enana con el pelo siempre despeinado que se ponía a cantar y bailar con el pijama puesto al oír salir de mi habitación las primeras notas de Laura Pausini. Marco se ha marchado para no volver, el tren de la mañana llega ya sin él…. Sí. Mi gusto musical tuvo momentos críticos, especialmente cuando me vi comprando con 16 años el disco de las Spice. Wannabe fue otro de nuestros hits. Incluso me inventé una coreografía, que María- inútilmente-intentó aprenderse. Lo suyo no era bailar, sino cantar. Se lo decían todos, mi padre, la profe de piano, la abuela. “Has de dar clases de canto”. Y ella que no. “Que no me da la gana”, replicaba María, ya entonces en la edad del pavo. Sus años de macarrilla adolescente del Maresme me llegaron a preocupar. Cambió los micrófonos imaginarios por el secador de pelo, un electrodoméstico que le despertaba fascinación. Podía estarse horas secándose y alisándose el cabello, actividad que a mi –convertida en una universitaria de pueblo sobradilla  porque acaba de descubrir los cines Verdi- me sacaba de quicio. Confieso que ver a mi hermana haciendo de pija loca me llevó a golpearla alguna vez  con el cepillo en el cabolo. No obstante, creo fueron esos cepillazos los que provocaron que soltara el secador. A los pocos meses, empezó a encerrarse en su cuarto para cantar sola y hacer pruebas de sonido con una guitarra y un micro, está vez, real. De allí dentro, rodeada de peluches y  mis viejos posters de la SuperPop, acabaron saliendo las canciones de su primer disco, Sin Técnica.

Desde entonces, María no ha parado de componer. “Haz lo que te de la gana”, dice una de las canciones de su último disco, Sueño Triangular. Es la conclusión a la que llega Maria después de 10 años tratando de decidir qué hacer. La sociedad espera que estudiemos una carrera, que encontremos un trabajo “de verdad”, que pasemos los fines de semana en la playa y salgamos a pasear si hace sol. ¿Y qué pasa si hace un día radiante pero me quiero quedar en pijama enganchada al ordenador? Si me apetece cenar judías blancas a las 12 de la noche? Si no me gusta ir a la universidad?

“La tiranía de los debería no me deja respirar

Lo que daría por poder parar un día y decir. ¿ Que más da?

HAZ LO QUE TE DE LA GANA!

Recuerdo que María me pidió ayuda con la letra cuando estaba componiendo esta canción. Parece lo más fácil de mundo. Una hermana que escribe, otra que compone. Pues no. Cuadrar las palabras con una melodía es complicado. No sé si llegó a utilizar algunas de mi sugerencias, pero me hizo ilusión echarle una mano. Igual que me hizo ilusión escucharle decir el pasado viernes en pleno concierto en el Apolo que otra de sus nuevas canciones, “Lejos de Pequín”, la compuso pensando en mi. Yo lo que quería era verte feliz, repite el estribillo, insistentemente, entre una desvarío de sonidos con reminiscencias chinas. Es cierto que mi regreso a Barcelona después de cuatro años en China fue un poco turbulento – la vida tiene eso de vez en cuando, que te obliga a tragar mucha mierda-  y mi hermana, al verme hundida, compuso una canción alegre y surrealista para animarme. Yo, por mi parte, también tomé medidas:  escribí una caca novela a modo de autoterapia y contraté a un gangster-psicólogo que después de robarme  600euros en sesiones llegó a la conclusión sabida por todos: “Andrea, deja de ser una niña”. Bah. Se llama síndrome de Peter Pan.

Pero ver a mi hermana en concierto me hace sentir adulta. La veo allí arriba, con sus pelos de Fragel Rock, encandilando al público con su voz dulce y ese temblor de labios que todavía delata nerviosismo, y comprendo que ya no somos unas niñas. El disco de María se inspira en sueños y pesadillas, que en realidad son los pensamientos, miedos e inseguridades que llevamos dentro.  “Soy tu gran rival, abrasado, juez  sin corazón, y

vengo a decirte que: esperaré una señal de debilidad, para

incendiar tu creatividad. No conseguirás anularme / ¡Cae lo que fuego fue!  

 

Lo admito. Sí, hay algo de orgullo genético, como escribió una vez un crítico de El País para referirse a los gritos de “guapa” que se oían entre el público en un concierto reciente de María. Mis amigos no paran de decirme que nos parecemos mucho: el mismo humor, los mismos gestos, la misma mirada.., “Y la misma madre”, añado. María se ocupa de aclararlo: “Esta canción se me ocurrió después de que me llamara un día mi madre por teléfono para qué estaba haciendo. ¿Cuándo encontrarás un trabajo normal, cómo los demás?”  El público rompe a reír. Y María canta “Mírate”: Mírate / a tu edad /sin saber que hacer /¿ Cuándo te pondrás a trabajar como los demás en algo normal?”

Cinco años mayor que ella y sigo preguntándome que quiero ser de mayor. Habré sido un mal ejemplo para María? María acaba respondiéndose a si misma:  “Yo soy un koala de Australia”., canta con voz sorna y cierto letargo. El público llora de risa y ella también rompe a reír. Me doy cuenta que soy la hermana mayor de un koala de Australia. ¿Y? María ya lo ha dicho antes: Sé tu misma. “Haz lo que té la gana”.

Os dejo con el videclip de mi canción favorita: Mirall

<p><a href=”http://vimeo.com/49874300″>Maria Rodés – Mirall</a> from <a href=”http://vimeo.com/nikitaroutchenko”>Nikita Routchenko</a> on <a href=”http://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

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