La nada

Para salir de Albuquerque tomamos la Interestatal 40 en dirección al Oeste, el far West profundo. A partir de este momento nuestro acompañante a derecha e izquierda será el desierto: rojizo y rocoso, como en las pelis de cowboys, o en forma de extensas llanuras de tierra árida y amarillenta, cubiertas de arbustos.

el desierto que rodea Albuquerque
el desierto que rodea Albuquerque (Aquí se filmaron algunas escenas de Breaking Bad)
El Far West está cada vez más deshabitado
El Far West está cada vez más deshabitado

De vez en cuando aparece un casino destartalado o un rancho en venta.  Gasolineras y  moteles de aspecto semiabandonado utilizan la “ruta 66”  como reclamo publicitario, pero el turismo del Oeste parece haber muerto hace años. “Welcome to Navajo nation”. La reserva Navaja se extiende entre Nuevo Mexico y Arizona y pronto la carretera se llena de puestos de artesanía y souvenirs indios, cada una más cutre que la otra. Nos desviamos por una carretera secundaria para visitar una aldea Navaja, To’jahile (o parecido), y un cartel advierte que está prohibido hacer fotos. ¿Y qué hay de interesante para fotografiar, más que pobreza? Me pregunto. To’jahile no es más que una decena de casas prefabricadas esparcidas al lado de un riachuelo seco y una iglesia de adobe en el centro. Diría que está abandonado si no fuera por los columpios de plástico y las pick ups aparcadas en el patio.

Retomamos la autopista, que está llena de baches y gomas de neumático que los camiones pierden por el camino. El itinerario sigue la antigua ruta 66 y pasamos por municipios que aparecen en Las uvas de la ira, de Steinbeck, como Laguna, un puñado de caravanas y casas de madera junto a un campo de baseball decuidado; o Gallup, antigua ciudad minera, que tuvo su apogeo gracias al ferrocarril y a los rodajes de pelis del Oeste. Al pie de la carretera está el mítico hotel El Rancho,  con su salón de madera, con plumajes indios en las paredes y sillones de piel,  donde se alojaron los actores de Westerns más famosos: John Wayne, Humphrey Bogart, K. Hepburn, Doris Day…

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El Rancho hotel, en Gallup, donde se rodaron westerns como Billy the Kid

Hoy Gallup  es un lugar deprimente, donde la vida de sus habitantes transcurre entre el enorme supermercado Safeway  y las cadenas de fasfood que le rodean. Paramos a almorzar en la cafetería más pija de la zona, donde sirven ensaladas y comida aparentemente sana, y me doy cuenta que entre los camareros y los comensales abundan los rostros de  rasgos indios: jóvenes de tez oscura y ojos achinados, hombres corpulentos con el cabello azabache hasta media espalda, ancianas delgadas y arrugadas, con largos pendientes colgando de sus orejas.
Y al salir de Gallup, otra vez la nada, el desierto de Arizona emmarcado en la ventanilla del coche. En Holbrook paramos a repostar. El empleado de la gasolinera, un hombre de unos 70 años, alto, moreno, con un bigote largo y gafas de montura anticuada, habla con dos amigos en un idioma que no entendemos. “En qué hablan?”, le pregunto. “Oh, es una mezcla de Navajo e inglés”, me explica. “En esta zona los indios tenemos tres lenguas, yo solo sé hablar una, es la que hablamos en la reserva”, añade. “Y la enseñan en la escuela?”, insisto..  El hombre pone cara de asombro. “No, no! La aprendemos en casa”.

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