Los Feliz

Los Feliz es el barrio pijo-bohemio de L.A, el lugar que eligen para vivir artistas, familias progres con niños y treintañeros con un buen sueldo. Alquilar un estudio monoambiente en un edificio viejo de los años 30, con lavabos viejos y sin aire acondicionado, cuesta unos 1000 dólares al mes. Está al este de la ciudad, cerca de Hollywood bvd, a los pies de la colina con el famoso cartel con las letras de HOLLYWOOD y del observatorio Griffith, donde los domingueros suben en masa para huir del calor y a disfrutar de las vistas impresionantes de la ciudad.  El nombre del observatorio y del parque que le rodea fue puesto en honor al coronel Griffith, un emprendedor galés del siglo pasado que se hizo millonario invirtiendo en el sector immobiliario y minero en América y decidió donar parte de sus tierras a la ciudad de L.A. En la parte baja del parque se concentran las mejores casas del barrio, asomándose entre magnolias, pinos y cipreses. A medida que sube la montaña, el parque se convierte en un bosque seco, con senderos de tierra para hacer hikking. Todo recuerda al mediterráneo, aunque aquí en lugar de jabalís hay coyotes. “Saben que la comida está en las basuras y a veces bajan hasta el final del barrio. Una noche me encontré  uno en mi calle”, me explica mi primo Nick.
A Nick le encanta vivir en Los Feliz, porque es un barrio seguro, agradable y al que se puede ir a todas partes a pie. Hay una librería de barrio, dos cines con luces de neón anticuadas y cafeterías donde la gente desayuna leyendo el LA Times en papel.
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Pronto tendrá que mudarse, ya su nuevo trabajo le queda muy lejos y está harto de perder tantas horas en el coche. Nick es profesor de música en la UCLA Lab School  una escuela primaria experimental vinculada a la universidad de California. La escuela.está en el campus de UCLA, en el Westwood, junto a Bel Air, y el viaje de ida y vuelta a su casa le lleva una hora de coche. Entre los alumnos de la Lab School hay hijos de actores famosos y también niños de familias humildess. La Lab School es una especie de colegio piloto muy exclusivo, donde se ponen en práctica programas de estudio que más tarde se aplicarán en el resto de colegios públicos de EEUU, y uno de los principios fundacionales es que el alumnado debe representar equitativamente la demografía social de L.A.Es decir, en una clase debe haber la misma proporción de blancos, Latinos, negros, ricos o pobres. “Algunos de los padres con más dinero sufragan las.matrículas de los más pobres”, explica Nick, mientras damos una vuelta por las aulas: pupitres grandes, sofás para leer, mucha luz natural, y un patio con un bosque y un río.
Por la noche Nick nos lleva a cenar al Edendale, un restaurante en una antigua estación de bomberos reformada. Cenamos al aire libre, a la luz de las velas. Dentro hay un bar de copas con mucho ambiente, pero Nick prefiere llevarnos al Edison, un club en el Downtown. LA MÚsica es mala, pero el lugar es espectacular: Está situado en el sótano de uno de los primeros edificios con electricidad de LA, proyectado por THomas Edison (el famoso inventor). Los camareros sirven copas entre los antiguos hornos y turbinas de hierro para producir energía electrica y en las paredes se proyectan películas de George Mélies. El Dj pone Get Lucky, de Daft Punk, el tema del verano en EUA, y los jóvenes bailan. La mayoría son veinteañeros, muchos de origen asiático. Algunos van disfrazados de los años 20 y se ven chicas que se han operado las tetas.
Al salir del Edison damos un paseo nocturno por el Downtown, para descubir que sus calles se han convertido en una autopista de cucarachas. Corren a sus anchas por las aceras y me arrepiento de llevar sandalias. Estamos cansados y bajo el efecto de dos vodka tonics cargados. Una opción sería ir a una fiesta ilegal que organiza un amigo artista de Nick en su casa, en el barrio de Echo Park. Hace poco, un semanario de L.A declaró las fiestas de su amigo el mejor after ilegal de la ciudad.
Al día siguiente le vamos a ver. Son las 3 de la tarde y sigue durmiendo. Fuera, en el patio, un cubo de basura llena de botellas de cerveza revela que la fiesta fue intensa. El calor calienta los sofás viejo repartidos por el césped, bajo carpas de lona improvisada. Junto a lq puerta trasera hay una mesita cubierta con una tela de lentejuelas granates. Nick me explica que ahí se sienta un segurata a pedir el DNI a los asistentes y comprobar que estan en la lista de invitados. “Así se aseguran que no entra ningun policía”. L.A no tiene nada que envidiar a Berlin.

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Puesta de sol en Los Feliz

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Vermont st; Los Feliz

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