¿Pero tu estás loca?

Eustequio sale de casa y se protege del sol con un  sombrero de cuadros. Son las 11 de la mañana, hora del paseo en Playa Quemada, una aldea de casas blancas junto a la orilla negra y rocosa de Lanzarote. “Bueno día, Eustequio, nozotra salimo ahora a da el pazeo”, le saludan dos vecinas con el cabello cubierto con un pañuelo. Me cuesta entender el accento canario, más si se trata de gente mayor con varios dientes de menos.  Eustequio es un hombre delgado, de ojos pequeños y pestañas cortas, que camina despacio, arrastrando sus zuecos Crocks  de imitación. “He vivido aquí más de 70años y te digo yo que este sigue siendo un lugar tranquilo. Te puedes echar aquí y dormir toda la noche y nadie te va a haser nada”, dice, señalando el porche de su casita blanca.
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La marea está alta y el agua está a menos de 20 metros. “Mira: esta barca es mía, y esa también-dice orgulloso, mostrando las dos embarcaciones cubirtas con una lona-. Yo he sido toda la vida pescador”.

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Playa Quemada

-¿y aquí que se pesca?
– Pues muchas cosas:  salmonetes, viejas…  la vieja es muy típica de aquí. Es un pescado fenomenal, eso sí, solo si es hembra. No lo conoces? -dice al ver mi cara de cromo- Pero tu de donde sales, mi niña!

Le digo que de Barcelona. “Yo estuve ahí hace poco. En la clínica Barraquesh, operaron a mi hija de.los.ojos”.
Es un buen lugar, la Barraquer, le respondo. Eustequio sonríe, contento de que la conozca. Me explica que la casa grande de la entrada del pueblo es la de su familia. La de al lado son todas de alemanes. “Esto está lleno de turistas todo el año”. En un bar crrcano una pareja con aspecto nórdico desayuna en silencio. Al fondo, las montañas oscuras y una especie de fábrica, de la que sobresalen dos grandes depósitos. Eustequio me explica que “eso es pa las cabras” y entiendo que es una granja y qur los depósitos estan llenos de pienso. “Aquí pasto, poco. Es que llueve solo una o dos veces al año. Pero esta tierra es buenisima”. En su porche crecen buganvilias  geranios rojos, pero la mayor parte de la jardinería en Playa Quemada se limita a los cactus. 
Me despido de Eustequio y le comento que vengo andando desde Puerto Calero y que seguiré hasta Playa Blannca.
“¿Pero tu etas loca? hay que pasar dos montañas. un barranco, la playa… llegarias a las 3 de la tarde. Mejor quédate ahí en esa playa. Y cuidado no te vayas a resbalar”.
Efectivamente, me la he pegado.

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