Postal marroquí

Mi familia es gafe y cuando viajamos juntos es normal que el coche de alquiler decida morir donde le dé la gana. Esta vez hemos tenido suerte y ha ocurrido delante de un mojón despintado que indicaba que estabamos en el kilómetro 92 de la carretera rural que une Moulay Idriss con Chefchaouen, en Marruecos, es decir, en medio  de la nada. El incidente ha tenido sus ventajas: hemos podido llamar por el móvil  a la agencia de alquiler y decirle nuestra ubicación exacta y hemos disfrutado de la bonita puesta de sol en el campo marroquí.

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Tres horas dan para mucho más, claro. Mi hermana se ha pulido una pasta enviando sms a sus amigos, mi padre ha vuelto a fumar y yo he podido observar los diferentes vehículos que circulaban por allí: tractores, minubuses cargados de niños y mujeres cubiertas con velo, camiones cargados de paja y modelos antiguos de Mercedes benz que los mecánicos marroquíes consiguen que todavía se pongan en marcha. De uno de ellos ha salido un campesino flaco con bigote oscuro que nos pregunta si necesitamos ayuda y nos regala  un racimo de uvas. El sol pica fuerte y nos protegemos tras la puerta del coche. Un pastor consigue que sus ovejas crucen la carrerera sin que muera ninguna. Un Toyota auris es el mejor vehículo que veo circular en todo este tiempo. “¿le quedan solo 15km para llegar, 15 eh? No me engañe!”, la voz de mi padre empieza a sonar cabreada pero el tipo de la agencia dice la verdad. Los mecánicos aparecen con nuestro coche de recambio a los 20minutos, sacan linternas y herramientas y se disponen  a arreglar nuestro Renault averiado en la cuneta bajo la luz de las estrellas. Nosotros conducimos hasta Tanger sin demasiados problemas, a excepción de un autobús que ha querido adelantar en una curva y por poco nos choca de frente y de los perros que vagabundean  por el arcén. En Marruecos de día se ven gatos por todas partes. Los perros solo salen de  noche.

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Gato de la medina de Tetuan

PD. Los últimos días en Tanger me han servido para entender el potencial económico de este país. En los alrededores de la ciudad, al margen del bullicio pintoresco del zoco y la medina, se está construyendo a punta pala. Promociones immobilarias, hipermercados, avenidas recién asfaltadas… la tercera ciudad  de Marruecos tiene grandes esperanzas puestas en el nuevo puerto de mercancías de Tanger Med, supuestamente el más grande del Mediterraneo cuando esté en pleno funcionamiento. Pensado para ser la puerta logística al mercado africano, el puerto y zona franca de Tanger Med está conectado por tren y por una nueva autopista de peaje que une el país de norte a sur. En la terraza de un pequeño restaurante de pescado frito, con vistas a Tarifa, un grupo de empresarios senegaleses almuerzan calamares y merluza a la romana. “Marruecos está dando oportunidades a otros países africanos más pobres, lo que debería haber hecho Europa” , comenta el dueño del local en perfecto español. De Tanger a Tetuan, todo el mundo chapurrea algo de español.  Todos, excepto quizás los  subsaharianos que hacen autoestop en la antigua carretera que une las dos ciudades bordeando la costa. Ceuta -Shebta-,  queda en el medio.

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Tanger Nord. Vista del puerto
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Pescadores cerca de Tanger Nord

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