Cabinas y casinos

Blue sky in Dublin. How strange😉“. Lo admito. Ayer me pasé todo el trayecto en autocar desde el aeropuerto de Dublín hasta el centro de la ciudad chafardeando cómo chateaba por el móvil la chica que iba sentada a mi lado. El mensaje estaba dentro de un grupo de Whastapp llamado “3 men & 2 lovely ladies”, y supuse que una de las dos lovely ladies era mi compañera de asiento, que tenía aspecto de regresar de las vacaciones. Rubia, más bien gordita y con los labios resecos del sol, iba vestida con una camiseta Nike de color turquesa – una de éstas con tejido especial para correr- y por debajo asomaban los tirantes del biquini. Fuera del autocar el cielo era de un color azul intenso, sin ninguna nube, y el sol radiante entraba por la ventanillla, pero la irlandesa no levantó la cabeza ni un segundo del móvil.  Tecleaba mensajes y cambiaba de pantalla a una velocidad increíble. De la página web de noticias de la BBC saltaba al whastapp de grupo con sus amigos, a consultar el muro de Facebook y a abrir el link a una noticia de la prensa amarilla del Daily Mail,  y vuelta a empezar.  Eran las seis  y media de la tarde, hora punta en Dublín, y el tráfico de entrada a la ciudad era lento. Pasamos por delante de una iglesia católica con un cartel en la valla que animaba a las mujeres del barrio a apuntarse al equipo femenino de  futbol. En el césped frente a la iglesia, flanqueado por chopos y  parterres de flores, había  niños jugando a pelota y gente vestida de deporte haciendo footing.

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yo y una chimenea victoriana de Dublín

“Aprovechan que hace buen tiempo para hacer ejercicio al aire libre. Este clima no es normal”, me explica más tarde Paul,  mi anfitrión de AirBnb. La casa de Paul forma parte de una hilera de casitas adosadas de ladrillo rojo  en el barrio de Drumcondra, un barrio residencial de calles amplias y arboladas, a unos quince minutos a pie del centro. La mayoría de las casas son de estilo victoriano, con las puertas de entrada decoradas con vitrales de colores, chimeneas sobrecargadas de ornamentos, revestidas con mosaicos de cerámica, y barandillas de madera oscura de formas ondulantes, que recuerdan al Art Deco.

“En esta calle también hay casas de estilo georgiano y eduardiano, es una mezcla curiosa”,  añade Paul, después de darme un tour por la casa. Paul debe rondar los treinta. Es alto, delgado, con los ojos de color gris azulado. Lleva un gorro de lana en la cabeza y luce una barba de estilo hipster que le llega casi hasta el cuello. “Mi parte favorita de la casa es esta parte de la barandilla”, me explica, mostrándome el único balaustre de estilo victoriano original que queda en la casa. “Los antiguos propietarios sustituyeron la barandilla por un muro de concreto”, se lamenta, encogiéndose de hombros.  Le digo a Paul que soy una inútil y me explica como caminar hasta el centro. Desde el porche delantero veo que estamos delante del Croke Park, el estadio de futbol gaélico más importante de la ciudad. Según Wikipedia, tiene capacidad para más de 82.300 espectadores, lo que convierte al recinto en el estadio más grande de Irlanda y el tercero de Europa. También es el recinto donde tuvo lugar en 1920 la masacre del ‘Domingo Sangriento’ ( cuando el ejército inglés ametralló al público y a los jugadores durante un partido de fútbol).  Estos hechos fueron los que inspiraron a U2 a componer la canción ‘Sunday Bloody Sunday”.

En Drumcondra , los vecinos aprovechan cada minuto de sol. He visto a un hombre calvo acurrucado en las escalera de su porche leyendo  Don Casmurro, una novela de un autor brasileño del siglo pasado, mientras los últimos rayos de luz le acariciaban el rostro y los pies descalzos; a un grupo de niños pelirrojos jugando y chillando en gaélico en el parque Mountjoy, mientras dos chicas hacían un picnic improvisado con comida china encima del césped; a varias ancianas con el pelo blanco despeinado y gabardinas largas hasta los pies paseando por delante de una iglesia con el cartel de “se alquila” pintado en la balaustrada de entrada. En Parnell Street, un grupo de turistas chinos hacía cola para entrar en un restaurante de comida típica de Sichuan. Toda la calle Parnell huele a comida china y las  gaviotas, aunque  no se ven, gritan de vez en cuando para dejarse oír en esta ciudad llena de cabinas de teléfono y pequeños casinos. Al parecer, la regulación sobre el sector del juego en Irlanda no ha cambiado mucho desde el año 1956 y prevalecen algunas anomalías ‘demasiado’ favorecedoras para según qué actividades en el terreno fiscal.
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En Dublín quedan muchas cabinas de teléfono. Nadie las usa
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Casas del barrio de Drumcondra

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