El lobo y la máquina del tiempo

Mi nuevo amigo en Zrenjanin se llama Vuk , ‘lobo’, y trabaja de camarero en el Vremeplov, una cafetería con amplios ventanales, escondida bajo los álamos del parque Plankov. Lleva varios días lloviznando y el parque se ha convertido en una alfombra de barro y hojas amarillas, por lo que cada vez que entro por la puerta del Vremeplov las huellas de mis botas ensucian el suelo de madera. Vuk no parece darse cuenta. Suele estar detrás de la barra, exprimiendo manzanas para hacer zumo o buscando canciones nuevas por Youtube en el ordenador. “Me gusta descubrir música de otros lugares, cantantes que no sean famosos o que estén fuera de la dictadura del inglés. ¡Hay mucho talento escondido en cada país!”, me explica Vuk,

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la cafetería Vremeplov, ‘la máquina del tiempo’, en Zrenjanin

con tono calmado. Vuk debe tener unos treinta y pocos años. Es delgado, de facciones angulosas, con los ojos oscuros ligeramente rasgados y unos labios muy finos, que tuerce un poco al hablar. Su padre y su abuelo, ambos fallecidos, se llamaban como él, Vuk Mićunović, “y así hasta diez generaciones atrás”, me explica. “El primer Vuk Mićunović fue un señor prominente de Montenegro, muy cercano a la realeza, y todos los que nos llamamos así somos de alguna forma parientes”, añade, acercándose a la barra para charlar conmigo y fumar un cigarrillo. En el año 1996, Vuk asistió a la primera reunión anual de ‘Vuks Micunovics’ en una aldea de Montenegro y desde entonces intenta ir siempre que puede. “Es muy divertido”, recuerda Vuk, encogiendo sus hombros huesudos. En Serbia, los montenegrinos tienen fama de ser los hombres más altos y fuertes de toda la ex Yugoslavia, pero Vuk es más bien escuálido y poca cosa, en comparación a la media serbia y montenegrina. Eso no significa que no esté en forma. Al terminar el bachillerato, Vuk estudió Educación Física en la universidad de Novi SAd y su sueño es ahora ganarse la vida como entrenador de futbol infantil en España, un país que le tiene obsesionado desde hace tiempo, a pesar de que no ha ido nunca y de que no habla una palabra de castellano. “Me gustaría vivir en una ciudad pequeña, frente al mar, y que no haga mucho frío en invierno. ¿Qué te parece Castellón?”, me pregunta, en su tono calmado. “¿Castellón?”, respondo, sorprendida. Entonces por el altavoz empieza a sonar una canción de Jarabe de Palo: “puede que hayas, nacido en la cara buena del mundo, yo nací en la cara mala, llevo la marca del lado oscuro…” . Le pregunto cómo diablos ha dado con esta canción. “Me encanta la música española, me paso el día escuchando grupos nuevos, está llena de pasión”. “Pues son catalanes”, no puedo evitar decir, orgullosa. Escuchar El Lado Oscuro me catapulta por un instante a mi primer concierto de Jarabe de Palo en la Cova de Mataró con mis amigos de los Salesianos. Diría que era  el año 1996 o 1997, y uno primeros conciertos del grupo. Me sé la letra de la canción de memoria. “como ganarse el cielo, cuando uno ama con toda el alma, y es que el criño que te tengo no se paga con dinerooo”, canturreo, imaginando la cara que pondría mi hermana. Recuerdo escuchar El lado oscuro en el bar de Mataró y mirar de reojo a Edu Soler, el chico que me gustaba, que entonces estaba saliendo con la Iciar, y me moría de rabia.

Al terminar la canción, le confieso a Vuk que no he estado nunca en Castellón, pero que seguro que hay mucha calidad de vida y que tiene que escuchar ahora mismo la canción  ‘como un burro” del Último de la fila . Vuk encuentra el video en Youtube y  escuchamos la canción en silencio hasta que suena “llévame al cine amor, y a tomar un arrocito a Castellón”. “¿Ves como se vive bien?”.

Vuk  ríe. “¿De qué va la canción?”.

“De uno que le deja la novia y se siente un poco loser, pero él insiste”, le explico, con mi mente perdida otra vez en el recuerdo de las noches de fiesta adolescente por Mataró. Empieza a oscurecer y por los cristales del Vremeplov apenas se distinguen las siluetas de los árboles. Vremeplov en serbio significa ‘máquina del tiempo’.

Antes de trabajar de camarero en la cafetería, que es de su cuñado, Vuk trabajó tres años de profesor de gimnasia en un colegio de Zrenjanin. Lo tuvo que dejar, por falta de recursos.  “Para ser entrenador solo necesito tres cosas: un campo, algunas pelotas y un grupo de chicos con ganas de mejorar cada día. No tenía ninguna de las tres”, explica, encendiendo otro cigarrillo.  Su aportación personal a la clase de gimnasia era enseñar a sus alumnos el poema ‘Si…’, de Rudyard Kipling. “¿Lo conoces? Es maravilloso. Habla sobre cómo ser mejor persona, de aprender a hacer las cosas para uno mismo… Porque al final lo que cuenta es cómo ve uno la realidad. También hay que aprender que no vale la pena perder el tiempo por cambiar lo que está fuera de nuestro alcance: la política internacional, los atentados terroristas… qué podemos hacer? ”, dice el Lobo, frunciendo el entrecejo. “Estoy intentando aprender a centrarme en mi mismo, a no malgastar el tiempo con gente que no aporta energía positiva o que está enfadada con el mundo; a abandonar las distracciones absurdas, como el móvil o la televisión”, me explica, sin alterarse. Con su cuerpo huesudo y su voz pausada, el Lobo me recuerda a un monje budista.

A diferencia de otros amigos serbios que ido haciendo estos días, Vuk no se queja tanto de la corrupción de la política local, de lo mal que están ahora en comparación con la desaparecida Yugoslavia o de lo injustos que fueron los bombardeos de la OTAN en 1999. “¿De qué sirve lamentarse? Hay que proyectar en positivo”, dice.  “Has de releer a Kipling, un poeta fabuloso, pero sobretodo con una vida increíble. Detrás de grandes obras hay hombres fabulosos, mira  Michelangelo, Einstein… Pero uno de mis favoritos es Nikola Tesla, el inventor, y no porque sea serbio, eh?”, me dice, mientras el tercer cigarrillo se consume en el cenicero. Nikola Tesla fue un conocido inventor e ingeniero serbio que emigró a Estados Unidos para trabajar junto a Thomas Edison, y revolucionó con sus innovaciones el terreno de la radio y de la electricidad sin cables. Sus ideas futuristas explican que hoy la marca de coches eléctricos más conocida de California se llame Tesla. “Era un hombre muy culto, un humanista. Y dijo que no tenía intención de casarse nunca, que el matrimonio no tenía mucho sentido en su carrera de inventor”,  me explica, riendo. Es cierto que Nikola Tesla , en una entrevista a una revista americana, expuso los motivos por los que creía que el matrimonio no tenía mucho sentido en un mundo moderno en que la mujer se había vuelto igual de ambiciosa e independiente que el hombre.

A medida que avanza la tarde, el Vremeplov se va llenando. En una mesa grande, con una cerveza en mano, está Dimitri, el dueño de una pastelería del centro, con pinta de acabar de salir del gimnasio, y en una mesita junto a la ventana, un reducto reservado a los no fumadores, está mi amigo Aleksander, un ex jugador profesional de balonmano, que habla el español perfecto. Aleksander fue jugador del 3 de Mayo, un equipo de Tenerife de primera división, que cayó en bancarrota hace tres años, y también en un equipo sueco. En 2008, Aleksander decidió volver a su Zrenjanin natal para montar un negocio con el dinero ahorrado durante su carrera deportiva, pero todavía no se ha decidido en qué invertir. Tiene el diploma de ingeniero agrónomo y le gustaría hacer algo relacionado con cultivos, pero la da miedo entrar en los juegos sucios de la política local. También se planteaba comprar un inmueble en España para alquilarlo a turistas, pero cuando miramos juntos los precios de los pisos en Barcelona en idealista.com, descarta la opción enseguida.

“ Hace años Zrenjanin era uno de los centros de balonmano más importantes de Yugoslavia, pero ahora no hay dinero para promover el deporte”, me explica Damir, un amigo de Aleksandr, también ex jugador profesional de balonmano. Damir es montenegrino y se crio en Nueva York, pero de joven entrenaba en Zrenjanin. Mide casi dos metros, es calvo, corpulento y tiene unos brazos que son tres veces los míos. Va vestido en chándal, uniforme serbio por excelencia, igual que Aleksander y Dimitri, y  habla español con fluidez. Es amigo personal de Pep Guardiola – se conocieron en Qatar- y de vez en cuando ayuda a su hermano Pere a detectar nuevos talentos en Serbia. (Pere Guardiola es el dueño de Media Base Sports, empresa de representación de deportistas). “Pep es muy buen tío, aunque se ha vuelto un poco loco con esto de la independencia de Catalunya”, me explica, muy serio. El hijo de Damir juega en la selección de básquet  sub 21 del Real Madrid y él se pasa la vida viajando entre Zrenjanin, España y otros lugares de Europa, cuando algún club le pide asesoramiento. Sus padres viven en Nueva York, pero Damir aún tiene familia en Montenegro. Admite que se siente montenegrino y que en su día apoyó el sí en el referendum de independencia de Montenegro (se independizó de Serbia en el año 2006), pero ahora se da cuenta “de que no ha servido para nada”. “Somos un país pequeño, de poco más de medio millón de personas, lo teníamos todo por ganar, pero se lo hemos acabado vendiendo todo a los rusos”, se lamenta. “Los políticos locales son un desastre, todos corruptos. LA verdad, no sé de que ha servido, si nos llevamos bien todos”, añade Damir, brindando con sus amigos serbios. El Lobo escucha en silencio mientras hablamos español. Su familia también abandonó Montenegro hace un siglo, para instalarse en una aldea de Kosovo.Más delante, con el acoso de los albanos durante la segunda Guerra Mundial, su abuelo decidió emigrar aquí, al norte de Serbia,a mi querida Vojvodina.

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