Cogollos yankees

Esta mañana me he levantado en Filadelfia y todavía no tengo muy claro porqué. Hace tres semanas me entrevisté en Barcelona con el dueño de un periódico latino de esta ciudad para un puesto de periodista freelance. Después de un largo silencio, el hombre me llamó el fin de semana pasado al móvil para decirme que me invitaba a viajar a Filadelfia para conocer el equipo de la Redacción y asistir a la “histórica” nominación de Hillary CLinton como primera mujer candidata a la presidencia de los EEUU durante la Convención del Partido Democrata (DNC).
Obviamente, mi cabeza de chorlito aceptó la invitación, así que aquí estoy, con la cabeza bien ágil y despierta después de nueve horas de vuelo tragándome pelis pastelón (Aloha, Brooklyn) y no haber dormido nada.
PAra matar el jet lag, me he ido a correr al gimnasio del hotel a las seis y media de la mañana y no ha servido de nada, excepto para tener aún más sueño y que me duelan las piernas. 

En esta aventura me acompaña Raquel, otra periodista de Barcelona muy simpática, que ha venido a Estados Unidos sin jersey y se está cagando de frío por culpa del Aire Condicionado, aunque fuera estemos en plena ola de calor. Estados Unidos me fascina, pero tiene cosas que no aguanto. La primera , esta obsesión por meter el AC a toda castaña y beber agua con kilos de hielo. Creo que los americanos tienen el ADN modificado, son insensibles al frío.
 La segunda, los Starbucks. Esta mañana hemos ido a desayunar a un Starbucks en Market strreet, la calle principal del Downtown. Era un local pequeño, ubicado en el lobby de un rascacielos de oficinas, y había tanta cola que casi no se podía ni entrar. Tres filas de personas esperando como tontos delante del mostrador a que un barista les llamase por su nombre para recoger su café. Starbucks es la cúspide del capitalismo absurdo. Tener que esperar para un café malo y caro, y que encima no te lo sirvan. 

La tercera cosa que no me gusta de Estados Unidos es la manía de diferenciar entre Latinos,  Afroamericanos, asiáticos y anglosaxons. Son demasiado diversos para eso. La comunidad Latina engloba mexicanos, portorriqueños,  colombianos, chilenos, salvadoreños,  venezolanos … sean inmigrantes recién llegados o mexicanos de tercera generación. En Filadelfia en concreto viven alrededor de 190.000 personas de origen hispano, el 12% de la población total,  según el censo de 2010.  “Y el número sigue creciendo”, me explica Sara Calderón, una pueetorriqueña de 54 años, residente en la ciudad desde hace mas de 25 años. Sara trabaja en Esperanza, una ong local que ayuda a las familias latinas con bajos ingresos a integrarse mejor en la sociedad. ‘Uno de nuestros objetivos es reducir el fracaso escolar y que los estudiantes latinos accedan a los estudios universitarios’, me explica Sara, muy elegante con su  jerseycito de cachemir, falda de tubo y medias color carne. ‘Me da igual si fuera estamos a 37 grados, se que me voy a pasar el día en un inglú”, bromea. A Sara la he conocido este mediodía en un almuerzo de networking organizado por Al Día News, mi  diario anfitrión .  “En algunos barrios de Filadelfia hay familias hispanas que ingresan menos de 21.000dolares al año, y eso aquí es vivir bajo el umbral de pobreza”, comenta otro trabajador de Esperanza sentado a mi lado. Es americano, de unos treinta años,  habla castellano con acento, estudió tres meses en Barcelona- ciudad de la que  nunca se hubiese ido, dice -, y es el responsable de los programas de desarrollo económico de la oNG, dirigidos a enseñar a la comunidad latina a crear pequeñas empresas y mantener rentables sus negocios.Mientras hablamos, los camareros han traído el primer plato, un quarto de lechuga con una vinagreta de membrillo. La triste y ordinaria lechuga -el cogollo yankee,
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dice raquel- contrastaba con la elegancia de las librerías de madera y las estatuas de Lincoln que envolvían el comedor.  El almuerzo se ha celebrado en uno de los salones del Union League club, un edificio levantado en 1864 para albergar la sede de una sociedad patriótica que daba apoyo a Abraham Lincoln durante la Guerra Civil. Antes de comer he intentado mangar un ejemplar en papel del Wall Street Journal de la biblioteca, una majestuosa sala acristalada con sillones chester, chimeneas, alfombras de motivos persas y  lámparas de araña, pero la bibliotecaria me ha pillado. 

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Sol Trujillo

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Andriu en la biblioteca del Union League Club

La comida ha terminado con una conferencia de Solomon, “Sol” Trujillo, un influyente empresario del sector de las tecnologías, de origen mexicano. Trujillo nació y estudió en Wyoming hace 61 años, y poco después empezó a hacer carrera en AT&T, Mountain Bell y Orange. TAmbién fue CEO de TELSTRA, la Telefónica Australiana, que entonces se estaba privatizando , pero fue despedido porque la empresa empezó a bajar la facturación y la cotización se desplomó (esta parte de su carrera laboral no la ha explicado durante la conferencia, pero Internet está lleno de noticias sobre el polémico despido y las acusaciones posteriores de Trujillo al gobierno australiano, que tachó de racista y discriminatorio contra los inmigrantes). Trujillo se define como ‘americano, republicano, empresario y Latino” (aunque no votará a Trump) y uno de sus objetivos hoy es la lucha por mejorar las condiciones de la comunidad hispana en Estados Unidos.  Según Trujillo, los Latinos no son tratados con igualdad de condiciones, a pesar de que ya no son una minoría,  “sino un mainstream”. En algunos estados, como California, representan ya la mitad de la población, tienen estudios superiories, una media de edad más joven que la de los americanos blancos, y desde su punto de vista de empresario  ‘suponen un enorme potencial de mercado para las empresas. “Pero en este país si te llamas Martínez o Rodriguez o Trujillo- le cuesta pronunciar su propio apellido- no es tan fácil tener un buen trabajo, te asocian con un delincuente, o que no eres tan buen trabajador’, se lamenta. Le digo que en España ocurren cosas parecidas, aunque me parece más un tema de discriminación por clase social que por racismo. ‘No sé, en España creo que también teneis un cierto complejo de superioridad hacia los Latinos, no?’, me pregunta Sol.  Le digo que no estoy de acuerdo. En mi opinión, la discimrinación va ligada a diferencias de clase social, hay prejuicios contra los pobres, no contra nacionalidades. Me replica:  “He estado varias veces en España y noté que si no hablaba correctamente el español me miraban mal. Entre los afroamericanos de Estados Unidos existe cierto sentimiento une un cierto sentimiento de unión, pensaba que en España exisitía ese mismo sentimiento con los latinoamericanos, pero vi que no”.
  Cada uno ve el mundo a su manera.

2 thoughts on “Cogollos yankees

  1. Salva July 22, 2016 / 12:02 pm

    Queridadesconocidaquemeentretienedevezencuando:

    Espero que los yankees del cogollo triste aprecien tu sapiencia freelander y te contraten para glosar la actualidad Filadélfica.

    ¿Sabe Solomon que robas periódicos? Tiene aspecto de ser inflexible con la mano laxa.

    Feliz fin de semana desde la tierra de las oportunidades (perdidas).

    • andriurodes July 22, 2016 / 12:25 pm

      Jaja.. gracias desde un puto starbucks, congelada

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