El parque Pokemon

Uno de los reclamos turísticos más populares de Filadelfia es una estatua del boxeador Rocky Balboa con los puños alzados situada frente al Museo de Arte. La estatua intenta reproducir una de las escenas más conocidas de la primera peli de Rocky, en la que Silvester Stallone sube la escalinata del museo y se queda de espaldas, contemplando el skyline de Filadelfia, y haciendo bola. No es que sea muy fan de Rocky, pero el invierno pasado vi una estatua de Rocky idéntica  en un pueblo perdido del norte de Serbia, cerca de Zrenjanin, donde viví unos meses, y me hacía gracia ver la versión original.

¿Qué hacía exactamente una estatua de Rocky en un pueblo serbio rodeado de viejos edificios socialistas de la ex Yugoslavia? No me acuerdo. Pero cuando la vi, no pude evitar bajar del coche y hacerme la foto. No había nadie, estaba sola. En Filadelfia, en cambio, me encontré una aglomeración de turistas esperando para poder hacerse un selfie delante de la estatua, imitando la pose de boxeador. Eran las siete de la tarde y el sol empezaba a ponerse.  Muy cerca de la estatua, dos tiarrones  con el torso desnudo y sudado hacían sentadillas encima de un muro. En la escalinata del Museo vi a un hombre subiendo y bajando escalones que se detenía a hacer series de flexiones en el rellano y a una pareja afroamericana con un hijo pequeño que corría de barandilla a barandilla.

El Museo de Arte de Filadelfia se alza sobre una pequeña colina, bordeada por el río Schuylkill, y sus pies se extiende el parque Fairmont, que en verano se llena de familias haciendo picnic y de gente haciendo ejercicio al aire libre. Algunos saltan escalones, otros hacen footing y bicicleta, y o otros prefieren sudar la gota gorda haciendo sentadillas y flexiones bajo las órdenes de un corpulento entrenador pelirrojo, enfundado en un jersey con capucha de un equipo local de Lacrosse.

Con la excusa de la Convención Anual del Partido Demócrata (DNC), que empieza este lunes, las calles de Filadelfia están engalanadas con banderas y guirnaldas con los colores de la bandera americana y hay festivales y conciertos cada día. Filadelfia es una ciudad de mayoría Demócrata y  Hillary Clinton es claramente la candidata favorita. “Yo he sido siempre Republicana por motivos ideológicos, soy bastante conservadora, pero esta vez no voy a votar a Trump”, me explica Elizabeth, una colombiana de cincuenta y pocos años, residente en Filadelfia desde hace más de 25 años. Elizabeth es una mujer regordeta, de ojos castaños y mirada afable, casada con Hernán, el fundador de AL DIa News, el periódico latino que ha financiado mi viaje a Filadelfia. Tanto ella como Hernán nacieron en Santander, una ciudad del interior de Colombia, y se mudaron a los Estados Unidos poco después de casarse, cuando Hernán fue aceptado para hacer un máster de periodismo en Iowa. Al terminar los estudios, el matrimonio se mudó a Filadelfia y al darse cuenta de en la ciudad no había ningún periódico para la comunidad latina, decidieron crearlo ellos.

“Al principio lo hacíamos todo nosotros, en casa. Hernán escribía los artículos y me enseñaba a hacer fotos. Las revelábamos en el lavabo, después de haber bañado y acostado a nuestra hija, y a veces nos quedábamos despiertos hasta las 3 de la mañana”, recuerda Elizabeth, que antes de conocer a Hernan trabajaba de secretaria. Hoy AL Día News es un diario semanal – bilingüe  inglés español – de referencia para la comunidad latina de Filadelfia, con una tirada de cerca de 30.000 ejemplares.

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Al Día, el único medio para la comunidad Latina de Filadelfía y alrededores

Las oficinas de Al Día News están en el cuarto piso de un rascacielos de Market Street, la avenida que atraviesa el downtown de la ciudad y desemboca en el Ayuntamiento. Al sur de Market St transcurren Walnut Street y Chestnut St, dos calles arboladas con tiendas de moda y cafés de diseño, que todavía conservan el aire de los edificios del siglo XIX.  Mi rincón favorito de esta parte de Filadelfia es Rittenhouse Square, un parque con césped y bancos de madera donde los jubilados se sientan a leer el periódico a la sombra de los árboles a primera hora de la mañana. De noche, el parque se convierte en un enjambre de jóvenes buscando Pokemons con el móvil, como zombies siguiendo una luz azul.

Los sábados por la mañana, el parque se llena de tenderetes de fruta y verdura ecológica de los agricultores de los alrededores. En el Farmers Market he visto unos melocotones y unos tomates “pesticide free”de New Jersey sin nada que envidiar a los de España. Una vendedora de ojos azules me ha mostrado un frasco de ‘cucarachas’, una especie de chiles picantes marinados con ajo. He preferido no probarlos. Mientras las familias hipsters se img_20160723_163004.jpgentretenían comprando cajas de arándanos y probando quesos, un grupo de policías en bermudas y bicicleta observaba desde la puerta del parque que todo estuviera en orden. Entre hoy y mañana se espera que lleguen a Filadelfia más de 50.000 delegados de todo el país para asistir a la convención Demócrata, que empieza el lunes. Además, durante el transcurso del DNC también están previstas numerosas manifestaciones, si los protestantes consiguen sobrevivir a la ola de calor.

La acera ardía bajo mis pies cuando mi amiga Raquel y yo hemos tomado Broad Street en dirección al sur. A medida que nos alejamos del centro, los restaurantes de comida rápida y los locales de manicura baratos sustituyen a las tiendas de ropa de marca. La calle estaba desierta, excepto por un grupo de chicos negros vestidos con traje americana blanco impoluto y zapatos de charol del mismo color que nos ha adelantado a paso rápido en dirección a una iglesia cercana. Algunos de ellos llevaban una kipá en la cabeza y un broche de tela con cintas de colores en la solapa. “Vamos a celebrar el Sabbath”, me ha explicado uno de ellos, un joven alto y corpulento, con la piel de color azabache y el cabello negro y rizado. Pertenecen a la llamada Iglesia de Dios y los Santos de Cristo (Church of God and Saints of Christ), una congregación religiosa fundada en 1896 por esclavos negros liberados que abrazaron una versión propia de la religión hebrea.

“Somos una rama no ortodoxa del judaísmo”, me ha informado una mujer negra con unos pechos enormes que nos ha recibido en la iglesia. Llevaba un vestido blanco anticuado terminado en una  falda plisada por debajo de las rodillas y un lacito azul claro en la cintura. “Es el uniforme de la congregación”, me ha explicado, orgullosa, haciendo tintinear los enormes pendientes falsos de diamantes que cuelgan de sus orejas. Hombres y mujeres – todos afroamericanos, y vestidos de blanco inmaculado- , iban entrando en la iglesia y tomando sitio en los bancos frente al altar. Según la web de la congregación,  los miembros de esta comunidad religiosa creen que Jesús fue un seguidor estricto y arduo practicante del Judaísmo, que celebraba todas las celebraciones judías. “Creemos en la religión de Jesús, y no en la religión sobre Jesús”, puede leerse en la web.

Al cabo de poco rato, un rabino negro ha aparecido en altar y se ha dirigido a los asistentes con tono grave, dándoles la bienvenida. “Espero que podáis uniros a nuestras plegarias y que disfrutéis de la ceremonia”, nos ha susurrado la mujer del vestido blanco, moviendo sus labios carnosos pintados de fucsia. Debía tener casi sesenta años, pero sus tirabuzones de permanente recogidos en un lazo rosa a un lado le restaban edad. Se ha despedido de nosotras con prisas y se ha unido al resto de los asistentes, que esperaban a que una mujer negra de caderas anchas con una batuta en la mano diera la orden de empezar a cantar. Cuando lo ha hecho, un coro de voces cargadas de energía  ha llenado la iglesia semivacía y decenas de tacones blancos se han puesto a zapatear al unísono, como si de un momento a otro fueran a ponerse a bailar. .

One thought on “El parque Pokemon

  1. Salva July 25, 2016 / 7:10 am

    Queridadesconocida:

    Se me acumulan tus artículos filadélficos y no he podido resistir la tentación de indagar en por qué diántres hay una estatua de Rocky en Zitiste (Serbia). Confieso que tampoco soy muy fan de Rocky (el unico Rocky al que venero es a Rocky Horror Picture Show), pero la historia no deja de sorprender. Descubro que Zitiste es un diminuto pueblo serbio perdido en la nada, que arrastraba una suerte de maleficio en forma de guerras, inundaciones, tornados, plagas y demás putadas de esas de connotaciones bíblicas.

    En medio de la maldición, un iluminado (no he conseguido averiguar si ayudado por sustancias psicotrópicas) decide que la construcción de una estatua de Rocky, revertirá la suerte del pueblo y hará que la abundancia y la fertilidad lleguen a sus tierras. Dicho y hecho. Se ponen en contacto con el escultor original de la estatua de Filadelfia, y la idea le parece tan adorable que les hace una rebaja en el precio y deja el presupuesto en 1,5 millones de dólares. Los serbios sufrieron una contracción súblita de sus esfínteres que les hizo descartar a tan insigne artista y buscar uno local con precios ajustados a sus bolsillos (es justo decir, que tuvieron lo que pagaron, esto es, un churro de estatua).

    Para costear el proyecto recurrieron a un empresario local, dueño de Agroziv, la empresa de pollos más grande del este de Europa y a un político que debió ver su oportunidad de saltar a la fama. Fruto de el esfuerzo de todo un pueblo, la estatua mereció entrar en la lista de Lonely Planet de los monumentos más estrambóticos del planeta.

    Toda la historia mereció incluso un documental (https://www.youtube.com/watch?v=dq7ELHGVRT8) que narra la peripecia de un pueblo. No he conseguido averiguar si el documental tiene un enfoque cómico o realmente va en serio ( y eso que he visto un trozo, que a mí me ha parecido cómico) Ignoro si la estatua trajo la prosperidad y cambió la suerte de Zitiste, pero de momento, una periodista del Al Día News ya los ha mencionado en medio de la convención demócrata que ha de elegir nuevo presidente (o presidenta) de los EEUU.

    É un mondo difícile…

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