Vallenatos y demócratas en Filadelfia

No tengo mucha idea de cómo funciona el sistema electoral americano y lo poco que sé, lo aprendí viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca. La serie retrata la vida y problemas dentro de la Casa Blanca bajo dos mandatos de un presidente demócrata superinteligente, divertido y buena persona, es decir, de una forma bastante idealizada, y termina con la nominación por primera vez en la historia de un presidente Latino, Matt Santos.

Estos días en Filadelfia no tendré la suerte de conocer a Matt Santos pero sí tendré la suerte de ver pasear a Hillary Clinton, la primera mujer candidata a presidenta de los EEUU de la historia. La capital del estado de Pensilvana alberga a partir de hoy la Convención Nacional del Partido Demócrata, (DNC), un evento que durante cuatro días reunirá a los delegados demócratas de todo el país en un pabellón ferial para debatir las principales líneas de actuación del partido y el programa de gobierno que defenderá Hillary Clinton si gana las elecciones contra el republicano Donald Trump en las  presidenciales el próximo noviembre.

 

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el delegado demócrata de Hawaii pintando murales en la DNC

“Es bueno que haya debate interno dentro del partido”, me explica Tim Vandeveer, un hombre atlético, de cabello pelirrojo y ojos azules, presidente de la delegación del Partido Demócrata de Hawaii. Vanderveer  ha llegado a Filadelfia un par de días antes del inicio de la convención para atender a una serie de eventos sociales dirigidos a conectar a los políticos con la ciudadanía. Ayer por la mañana, por ejemplo, Vandeveer  se pasó cuatro horas pintando un mural urbano junto a un grupo de voluntarios y estudiantes locales que han viajado a Filadelfia en motivo del DNC. Filadelfia es conocida por sus murales urbanos de colores chillones, sobretodo en los barrios empobrecidos del norte de la ciudad, donde viven la mayoría de Latinos ( puertorriqueños, cubanos y colombianos, entre otros).

“Participar en este tipo de actividades sociales es una forma de retornar algo positivo a la comunidad, y eso es parte de nuestro deber como delegados demócratas”, añade Vandeveer, llevándose sus brazos fuertes y pecosos a la cintura. Vandeveer lleva puesta la camiseta azul de los voluntarios del DNC y no hay nada que lo identifique como delegado.

“No me importa quien en esta sala es delegado o no, o cuántos delegados han venido a pintar murales, se trata de que todo el mundo hable con todo el mundo, en un ambiente relajado. Ojalá todos los días de la convención fueran tan relajados como hoy”, bromea Jaxon Ravens, presidente de la delegación demócrata del estado de Washington, un hombre grandullón, de cabello blanco y mejillas sonrosadas, vestido con bermudas y sandalias.

Mientras Vandeveer se concentra en pintar de naranja un fragmento de mural, Ravens se pasea entre las mesas saludando a los organizadores  y charlando  con un grupo de estudiantes de bachillerato que han viajado desde Virginia esponsorizados por una asociación juvenil dedicada a programas de orientación profesional. “Queremos que los chicos aprovechen el viaje para conocer las universidades de Filadelfia y el ambiente de la Convención demócrata”, explica Deborah, la monitora del grupo. Varios de sus estudiantes planean estudiar en Temple University, una reputada universidad semi-pública de Filadelfia. El campus principal de Temple limita el centro de la ciudad con los barrios más empobrecidos del norte, un entramado de aceras sucias y casas destartaladas con vallas metálicas en el porche, en la que la mayoría de los habitantes son hispanos o gente de color.

“Contribuir a la comunidad es muy importante para mi”, insiste Ravens, contento de hablar con alguien de Barcelona. Su hermano vive en Barcelona y acaba de tener un bebé. “Tengo ganas de ir a visitarle otra vez”, dice, sonriendo. En su ciudad, Seattle, RAvens compagina su trabajo como presidente de la delegación demócrata con un voluntariado en una importante asociación destinada a promover el circo y las artes acrobáticas entre los jóvenes con problemas de integración social. “Hacer voluntariado es fantástico. Algunos delegados optan por hacerlo mediante alguna organización religiosa, pero en el estado de Washington hay menos opciones de este tipo”, añade el delegado de Washington. Ravens dice ser admirador de Tim Kaine, el candidato elegido por Hillary Clinton para ser su segundo de abordo. Según los medios norteamericanos, Tim Kaine, senador del estado de Virginia, está muy comprometido con la iglesia católica de su ciudad, Richmond. La nominación de Kaine ha dejado fuera de combate a Julián Castro, el candidato Latino, aunque Kaine habla español fluido.

El binomio final Hillary Clinton y Tim Kaine – nominados finalmente la semana pasada- no es ni mucho menos el favorito de todos los delegados demócratas. “Yo hubiese preferido  a Bernie Sanders”, admite VAndeveer, en referencia al rival de Clinton, de perfil más progresista.  Por las calles de Filadelfia, los seguidores de Sanders organizan protestas con eslogans ecologistas y manifestaciones de apoyo y reparten carteles y pins con el logo de su candidato frustrado. “Al menos, gracias a Sanders, Hillary Clinton ha adoptado una posición más progresista, más de izquierdas, sobretodo en temas como la educación pública o el comercio exterior”, comenta Vandeveer, antes de volver la vista al pincel. “Por ejemplo, antes Clinton apoyaba el TTIP (el polémico tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Europa), y ahora está en contra”, concluye Vandeveer. Como presidente de la delegación demócrata de Hawaii, a él le preocupa más el TCC, el tratado de libre comercio con los países del Pacífico, al que Sanders también se opone. “Por eso es bueno el debate interno en el Partido”, insiste.

Entre los delegados que han venido a pintar murales está también Guy Hawley, el presidente de la delegación de Wisconsin, un hombre de espaldas anchas y nariz roja, que pinta en silencio en una esquina de la mesa. “Esta es la sexta convención demócrata en la que participo”, me explica con orgullo. Lleva una camiseta azul con el logo de la Asociación de Carpinteros de Wisconsin, organización que también preside. Delante suyo hay dos estudiantes de color con el pelo oscuro muy rizado y una barba que les recubre media cara. “Disfruto devolviendo algo positivo a la sociedad”, dice Hawley, repitiendo la misma cancioncilla que el resto de delegados: “REturn to community”. El mensaje ha quedado claro, pero aun queda mucho por hacer. Después de la sesión de pintura mural, Raquel y yo hemos hecho una incursión a los barrios portorriqueños del norte de la ciudad – el bloque de Oro – y hemos pasado un poco de miedo. “Where you goin, ladies?”, nos han espetado un par de veces grupos de hombres sin camiseta desde  las escalerillas sucias de algún portal. De vez en cuando cruzaba la calle un gato abandonado o nos topábamos con alguna mujer espiando la calle tras las verjas metálicas de una ventana. El calor apretaba con fuerza y unos niños se remojaban en una piscina de quita y pon en medio de la calle. De fondo llegaba el sonido de un vallenato puesto a todo volumen de la tienda de música  de la esquina, en la que vendían cassettes y vinilos de la edad de la quica. Los vallenatos del Guayas. He estado a punto de comprarlo.

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