Fan de Chelsea

Ayer finalmente pude colarme en el estadio Wells Fargo de Filadelfia y asistir al último acto de la convención nacional demócrata (DNC), un evento de cuatro días que culminó con la aceptación  formal de Hillary CLinton para ser la candidata demócrata a la presidencia de EEUU. Las elecciones presidenciales son en noviembre, pero en este país la campaña electoral es un proceso lento y de alta implicación ciudadana: un ejercicio de democracia de base, en el que los ciudadanos de cada estado pueden participar en la elección de quién quieren que sea el candidato presidencial de su partido. Después, cada partido celebra unas elecciones primarias y se nomina al candidato finalista-Donald Trump en el caso republicano, Hillary CLinton en el demócrata- y pasados unos días éstos aceptan su nominación de forma oficial delante de todos los delegados de partido de su país, reunidos en la Convención.
El discurso de aceptación de Hillary, pues, era el acto más esperado de la convención demócrata, que ha durado cuatro días. Su speech cerraba una maratón de discursos que empezaban a las 4 de la tarde y se alargabn  hasta medianoche, coincidiendo con las horas de máxima audiencia en televisión. El despliegue mediático en el estadio era impresionante,: decenas de periodistas nacionales e internacionales, televisiones con sus propios mini-estudios e incluso platós con sofás provistos por Faceebook y Twitter para que los periodistas puedan hacer entrevistas en streaming.
En total había más de50.000 personas, entre delgados, miembros de organismos y asociaciones sociales, periodistas, celebridades invitadas y amigos de políticos demócratas. Una operación logística y de seguridad que funcionaba como la seda, gracias a un montón de voluntarios. Nosotras (raquel y yo) teníamos una acreditación general, pero nos colamos en la zona de prensa con la tarjeta plastificada del Diari ARA y nos quedamos cuatro horas sentaditas en un escalón, con el chorro del A.C en el cogote.
A nuestro lado teníamos sentado al séquito del gobernador de Pennsilvania, un hombre alto y delgado, de aire serio y con poco pelo , que dio un discurso sobre la necesidad de que los empresarios sean honestos y paguen impuestos. Comparó la empresa que montó su padre, hijo de obreros, con el sudor de su frente, y denunció las decenas de trabajadores supuestamente estafados por Donald Trump en Atlantic city, la mítica ciudad de casinos entre Filadelfia y Nueva York. En EEUU los políticos hablan sin complejos de los empresarios, nadie los demoniza.
Los familiares y amigos del gobernador de Pensilvania le aplaudieron y vitorearon mucho, incluso sus seguratas parecían emocionados. Les teníamos delante, de pie, con el pinganillo en la oreja y sus espaldas enormes, tapándome la vista del escenario.
En las gradas del estadio no cabía ni un alfiler. Llamaban la atención las mujeres vestidas de rojo y cubiertas de chapas y adornos con motivos de la bandera americana. Cuando un orador terminaba su discurso-discursos de 4 minutos, perfectamente encadenados para que nadie se aburriera- la gente ondeaba  banderines azules y rojos con las palabras “Hillary”, “USA” o “stronger together”, el eslogan de campaña de Hillary. Este eslogan es una respuesta a las amenazas de Trump de levantar un muro y expulsar a los inmigrantes sin papeles.  El magnate republicano tambien ha declarado que “I can fix everything alone” , una coletilla que los demócratas utilizaron para acusarle de egocéntrico, ignorante y antipatriótico, porque en América se consigue todo trabajando “juntos’.
Entre los discursos que más me llamaron la atención estaba el del gobernador de Nueva York, un cincuentón guaperas, con apellido italiano, y el de la ex gobernadora de Michigan, una speaker super profesional, que habló del glorioso pasado industrial de Michigan y de la importancia de los trabjadores del sector automóvil, la industria emblema de los USA, que ha conseguido florecer de nuevo. Como otros speakers, la demócrata de Michigan criticó que Trump lleve ropa hecha en el extranjero y que los demócratas evitaran la fuga de empleos a China o Turquía.
El hecho de que muchos speakers hicieran mención a China y Rusia como amenazas me pareció un poco agresivo y populista.
También habló un cura negro famoso, el reverendo William Barber, que parecía como poseído. Con la mano alzada, dejó ir una especie de discurso-pregaria lleno de chuminadas sobre Jesús, los corazones y las religiones, pero la gente le aplaudía como loca. El gobernador de Pensilvania y su familia se levantaron de la silla y todo. “is there a heart in the house? Is there A heart for the poor? For the vulnerable ? For the nation?”, Gritaba entre ovaciones. Terminó con un Aleluyaaaa y se fue.

Sobre las 8.30 dieron paso los discursos patrióticos de militares, padres de marines fallecidos o veteranos de guerra mutilados que explicaban como arriesgaron sus vidas en Afganistan o Irak. Todos alababan la capacidad de lideraje de Hillary para ser la nueva comandante en jefe del ejército. La verdad es que a esa hora yo tenía mucha hambre y el culo cuadrado de estar sentada tanto tiempo en un escalón de la zona de prensa, así que se me hicieron un poco difíciles de tragar.
El discurso del general retirado de los Marines, John Allen, fue la guinda del pastel patriota. Después de asegurar que EEUU acabará con el ISIS, abogará por una OTAN más fuerte, y no admitirá vaciladas por parte de RUsia, consiguió que todo el estadio coreara: U-S-A, U-S-A y cerró el discurso con un ” we are the greatest country in the world”. Una de las claves del discurso de Allen, retransmitido en prime time por televisión a todo el país, era dejar claro que es una temeridad dejar en manos de un ignorante como Donald Trump la política de exteriores y el programa para evitar la proliferación de armas nuclares en el mundo.

Mi discurso favorito fue el de Chelsea Clinton, la hija de Bill y Hillary CLinton, que tiene mi edad. Chelsea hizo un repaso a los recuerdos de infancia con su madre, retratada como una mujer divertida, inteligente y luchadora por los derechos sociales, a parte de una abuela cariñosa, de la que se siente orgullosa. Parecía bastante sincero y hasta me emocioné y lloré un poco. Chelsa insistió en que una de las mayores virtudes de su madre es su persistencia en la lucha por mejorar la educación y la sanidad pública, causas que Hillary ha perseguido a lo largo de toda su carrera política y que todavía no ha dado por perdidas. Chelsea vendió la idea de que su madre nunca tirará la toalla en estos dos puntos. También me gustó que Chelsea no hablara de patriotismo ni de Dios. Después proyectaron en una pantalla gigante fotos antiguas de la vida y carrera de Hillary, como si fuera una boda. Ver a Hillary con ropa de los 80 defendiendo los derechos de las mujeres tocaba la fibra.

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El discurso de Hillary

Finalmente, fue Chelsea, vestida de rojo, muy elegante, con los ojos algo llorosos, la que introdujo a su madre a la audiencia: Hillary CLinton, la primera mujer que opta a la presidencia de los Estados Unidos de la historia. Hillary, enfundada en un traje chaqueta blanco y una sonrisa de oreja a oreja, habló durante más de 30minutos, ofreciéndose como la candidata que volverá a reunificar el país para, entre todos, convertirlo de nuevo en la mayor potencia económica del mundo. “Crearemos una economía que de oportunidades para todos, también para aquellos que en sus países no pueden”, prometió. Su discurso estaba lleno de promesas de crear empleos y subir salarios, e incluso prometió que eliminaría las deudas de los estudiantes que no han devuelto los créditos para pagar la universidad. Educación, empleo, perseguir el fraude fiscal de los super ricos y grandes empresas, regular la venta de armas (no dijo prohibirla) sanidad pública asequible para todos: este es el plan de Hillary. Y si esto pasa por pararle los pies a China para frenar la deslocalizacion de empleos (sonó como si China tuviera la culpa), pues se hará, prometió, entre vítores y algunos abucheos de fondo.

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