mi chaqueta china

Desde hace un par de meses voy a trabajar a un coworking en Poble Nou, un antiguo barrio obrero cerca de la playa, que ahora es el lugar favorito de las familias de guiris que vienen a vivir a Barcelona. Entre ellos está P, un irlandés que se dedica a dar cursos de formación a directivos americanos. P se pasa media semana en Nueva York y la otra media encerrado en el coworking, al que se desplaza en patinete, esquivando colegiales y turistas que colapsan la Rambla del Poble Nou a determinadas horas del día. 

Pero el fin de semana pasado, a P le dio un tirón en la pierna haciendo rappel y ahora no puede usar el patinete. Así que ayer al salir de la oficina fuimos juntos andando rambla arriba, contenta de tener un compañero desplazándose a mi ritmo tropical habitual.

-oye, Andrea,¿ por qué vas vestida de invierno?- me preguntó, señalando mi chaqueta verde de corte chino, larga hasta los pies.

-¿no te gusta? La compré en Pekín.

-pero mira a tu alrededor, la gente va en bermudas, están comiendo helados…

En efecto, en la esquina de la heladería El Tío Ché, un grupo de adolescentes en camiseta y pantalón corto esperaba su turno para comprarse el cucurucho de la merienda.

-mi termostato es especial. Hace un par de semanas decidí sacarme el edredón y me cagué de frío. Me lo he vuelto a poner y no lo sacaré hasta mediados de julio. Después de esa fecha, igual me baño en la piscina. 

-Claro, eso es porque vives en un pueblo y allí hace más frío-se mofa P.-¿ Mañana estarás en Kansas o bajas a Barcelona?-me pregunta, cuando nos despedimos. La canguro de su hija está esperando a que llegue. 

-En Kansas!-le grito, mientras cojea hacia su portal.

Ya en el tren a Vilassar, apretujada entre estudiantes sudorosos y otros hombres y mujeres que vuelven a casa del trabajo, recibo un whatsapp de P:

“Hoy me has recordado a Kyle, de Terminator”

(El otro día me dijo que mi foto de perfil le recordaba a la peli Alien)

“Voy a googlear. Espero que al menos Kyle sea chica”.

Googleo y aparece esto:

-eres idiota

-por tu chaqueta.

-eres idiota

-tendrías que sentirte halagada, era el tío más guay en todas las pelis..

-eres idiota

-eres la primera mujer que se ofende por no haber sido objeto de sexualización.

Al levantar la vista del móvil, el sol del atardecer iluminaba las polvorientas palmeras del paseo marítimo de Premià, donde un par de jubilados sin camiseta sacudían la toalla para sacar la arena. Igual sí, que hacía un poco de calor.

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Insomnio en Alabama

La primavera nunca ha sido mi mejor amiga. Durante muchos años, la odié porque tenía alergia y me ponía enferma de tanto moco. De mayor, he conseguido reducir el colapso nasal a un moquillo  que gotea cuando le da la gana – en medio de una boda, cocinando una tortilla, cuando bebo una copa de vino con un tío que me gusta- tipicos momentos en que no puedes limpiartelo con la manga del jersey-  a cambio de  sufrir insomnio. Será la luz del sol por la mañana, el polen, las hormonas, pero en peimavera soy un búho que no necesita dormir.   El domingo pasado me desperté tan temprano que salí a correr sin desayunar,algo que mi organismo come-bayas no suele agradecer. Con el estómago vacío, fui brincando cuesta abajo hacia la playa, la brisa matutina desperezando las copas de los pinos, el mar azul de fondo, los ciclistas en mallas adelantando a los jardineros africanos pedaleando sobre sus bicis oxidadas. Los jardines de las mansiones del Maresme no serían lo mismo sin ellos. En Cabrera está Mori, un chaval encantador de Cote d’Ivoire que ha conseguido que resuciten mis rosas del Ikea. “Ça va avec le cesped?” , Me.preguntó el viernes por la noche por whatsapp. Debe tener unos treinta y pocos. SU mujer y sus cuatro hijos viven en Cote d’Ivoire, donde hace poco fue de visita. No eran unas vacaciones normales para estar con la familia. Nos dijo que no volvería a Barcelona hasta que su mujer no se quedara preñada del quinto. Después de tres meses y medio, lo consiguió.

Hace dos domingos, mi insomnio matutino me llevó a pasear por Montroig del Camp a las 8 de la mañana. A los pies de la serra de Llaberia, rodeado de campos de almendros y olivos, este pueblo donde vivió Miró podría ser la estampa típica de la Catalunya independent que quieren Puigdemont y sus colegas nacionalistas. Igual no quieren ver la realidad, que por las calles silenciosas de Montroig los escasos transeúntes son marroquís y latinoamericanos, y que en el frankfurt de la.plaza la especialidad que te ofrece una simpática camarera rumana es el pulpo a la gallega. 

 La noche anterior,  Montroig celebraba la elección de la pubilla del poble en el pabellón de deportes: vestidos rosa pastel con lentejuelas, sandalias de tacón del chino, rubias de bote bebiendo birra de lata en sillas de plástico.   Si no hubiera sido por la banda con las cuatro barras que las pubillas llevaban cruzada en el pecho, hubiera dicho que estaba en Alabama.