¿soy yo?

Ayer por la noche fui a tomarme un helado a la Jijonenca de Vilassar. Eran ya las once y media pasadas, pero estaba a petar de familias con niños pequeños que reclamaban sus cucuruchos de fresa, aprovechando la primera noche con temperaturas de verano. 

Sentados en un banco frente a la Jijonenca vi a una pareja de mi edad lamiendo sus cucharillas con cara de aburridos y sendas Brompton blancas aparcadas a un lado. Seguro que también usan el mismo jabón de cuerpo del Mercadona, pensé, mientras les observaba en silencio deborando mi helado. Esa miserable terrina de mango y ferrero rocher iba a ser mi única cena. 

Noté las gotas de chocolate resbalando por mi barbilla, los restos de sudor y crema solar incrustados en mi cuello,  el escozor de los rasguños que cubrían mis piernas después de una excursión de seis horas por Siurana con mi hermana mongui y mis primos troll. Al lado de esa pareja recien duchada y sus bromptons relucientes, me alegré de ser yo. 

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