What will be, will be

Nunca he creído en religiones ni rollos místicos, tipo “cada siete años se cierra un ciclo vital” o el “karma nos pone a todos en su sitio”. Neh. Yo creo en la suerte y en la mala suerte. Casualmente, la mala suerte se cebó conmigo en 2010, y otra vez en 2017. Siete años de diferencia. ¿Debería  replantearme algo? , me pregunto, tirada en un sofá con vistas al azul del Mediterráneo, a punto de la última siesta del año. Cielo rojizo. Pinos inmóviles. Últimas horas de luz de este desagradecido 2017, que se llevó a mi abuelo, uno de los grandes hombres de mi vida. Recuerdo que el año pasado pasé la tarde de fin de año con él, mano a mano, en su salón de Reina Victoria, rodeados de cuadros antiguos. Hablamos de las Memorias de Josep M. De Sagarra, de lo que pasaría en Catalunya si seguían con la independencia,  de nuestros antepasados Montoliu. Tenía 98 años y acababa de superar una neumonía, pero no se encontraba muy fino y estaba un poco decaído. Para animarle, le dije que tenía suerte de haber llegado hasta los 98 rodeado de tanta gente que le quería. “Visto así, igual tienes razón”, dijo, con los ojos brillantes. Mi abuelo tenía la mirada despierta de un joven. Sobre las ocho hicimos una pausa para que cenase un poco de sopa y un yogur, y luego seguimos hablando hasta casi las 10. Le dejé en su butaca, con su rebeca de lana y su partida de solitario en el ordenador, para irme a cenar con una pareja de amigos, que justo ahora acaban de tener un bebé. Les traje una botella de champagne francés  (no me gusta el cava)para brindar por el 2017, sin imaginar que un mes después se llevaría a mi abuelo. Murió en su cama, tranquilo, una soleada mañana de febrero. Le echo de menos cada día.

2017 también ha sido cruel con la salud de otro gran hombre de mi vida. Me ha tocado  aprender de golpe que ver sufrir a las personas que quieres es lo peor que te puede pasar en la vida. Se te rompe el corazón, por muy cursi que suene.

Hace siete años, precisamente, me rompieron por primera vez el corazón.  En 2010 me quedé un poco sin rumbo, sin mi pequeña patria, que para mi no es más que allí  donde están las personas que quieres. 2010 fue otro año de mala suerte en toda regla: rompí con el novio, volví a barcelona, me quedé sin curro, me arrancaron dos muelas del juicio, me.robaron el móvil. Pim pam. Todo en uno. Este año también me han robado el.móvil. Nada muy grave. La vida, me digo. La misma vida que te da y te quita, que te hace feliz con unos besos, aunque  lleguen con miedo o con años de retraso. 

Feliz año 2018.

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