Nuevas generaciones

Hoy he visitado el campus de la Peking University, uno de mis lugares favoritos de Beijing, al norte de la ciudad, entre el Palacio de Verano y el barrio tecnológico de Haidian. Hace 8 años no se podía llegar en metro, pero ahora Beijing tiene una docena de líneas de metro más y

hay una parada que te deja justo delante de la puerta Este de la universidad, que este año cumple 120 años de antigüedad. En el metro me he sentado al lado de un joven de unos 20 años, delgado, con polo azul y gafas que le resbalaban por la nariz chata mientras chateaba a toda pastilla con dos amigos, con uno por WeChat (la app que usa todo el mundo para chatear en China, por ser la única no censurada) y con otro por Whatsapp (solo puede usarse si te instalas un VPN en el teléfono para poder sortear la censura- instagram y facebook tampoco funcionan). La velocidad a la que el chaval chateaba y saltaba de chat en chat, pasando del inglés al chino, e intercalando emoticonos, me ha dejado boquiabierta, pero aun y así, he podido leer como le contaba a un amigo que ese año iba a matricularse a la asignatura de M&A (mergers and acquisitions) y que él creía que el “financial market is fucking down” (el mercado financiero está fatal).” I forsee a financial recession in three years, especially in PR China”, ha tecleado con mucha seguridad el chavalín, dejándome hasta a mi preocupada. Los dos hemos bajado en la misma parada – universidad, puerta Este- y he intentado seguirle un rato más, pero iba tan lento y empanado con el móvil que me he aburrido. En el metro de Pekín, todo el mundo – desde un estudiante modernillo a la inmigrante de rostro curtido, recién llegada del pueblo- viaja absorto con el móvil, sea mirando películas o jugando a juegos tipo candycrash.

En la entrada a la universidad, un policía me ha barrado el paso,pidiéndome identificación. Ya hacían lo mismo hace 8 años. El Estado ordena estricto control sobre quién entra y sale de las universidades, para evitar follones y manifestaciones, entre otras muchas cosas. El control ha ido a más desde que asumió el gobierno el presidente Xi Jinping, según me han dicho mis amigos que siguen viviendo aquí. En la calle hay unas roulottes móviles de policía que parecen de juguete por todas partes, ponen muchas más trabas a la hora de conceder visados a extranjeros (que apenas se ven, ni siquiera turistas) y hay cámaras de vigilancia en todos los establecimientos públicos. En muchas universidades han instalado las polémicas cámaras de reconocimiento facial por todo el campus. Peking University es una de ellas. He logrado entrar con la táctica habitual: soltándole una parrafada en inglés al joven guarda sobre un museo que quería visitar, y poniéndole nervioso porque no entendía nada. “Not open, not open”..era lo único que sabía repetir en inglés. Pero viendo que me ponía pesada, me ha dejado pasar para evitarse problemas.
Justo hoy coincidía con la jornada de graduación, y el campus de Peking Univ estaba lleno de padres muy orgullosos fotografiando a sus hijos, enfundados en la toga tradicional de color azul. Algunos se hacían fotos frente al hall de la universidad, donde una enorme banderola colgada en la fachada felicitaba a la promoción del 2018. Otros se fotografiaban junto al lago, flanqueado por frondosos sauces llorones.
“Este señor es Li Dazhao, uno de los padres fundadores del partido Comunista”, me ha explicado un señor cuando le he preguntado por el busto escondido en un rincón del jardín de la universidad, que él mismo estaba enseñando a sus dos hijos pequeños. “Fue asesinado”, me explica, muy serio, señalando la fecha de su muerte: 1928.
-¿Por el Kuomintang?- le pregunto.
Me responde que sí, emocionado de que conozca un poco la historia de China. Son de una provincia del sur de China. Están en Pekín de turismo, como yo, y la universidad, con sus edificios centenarios y el bonito parque junto al lago, es un lugar que no quería perderse. Me gustaría preguntarle si también se acuerda de que los estudiantes de Peking university fueron los que impusaron las manifestaciones estudiantiles de la primavera de 1989, que acabaron con la triste “masacre” de Tiananmen, el 4 de junio (cuando el gobierno central dio la orden al ejército de poner fin a las protestas pacíficas por la fuerza). Estoy segura de que se acuerda. Pero en la China del siglo XXI la política se sigue hablando solo de puertas adentro.

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