A la orilla del río

Hace 10 años, cuando era corresponsal en China, me harté de escribir el mensaje que el entonces presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiababo no dejaban de repetir: somos un mercado de 1.3 millones de personas y para seguir creciendo económicamente, nuestra prioridad será estimular la demanda interna. Puedo confirmar que están cumpliendo con su plan. La enorme inversión en infraestructuras de transporte, desde autopistas a miles de kilómetros de vías de tren de alta velocidad, han permitido que algunas de las provincias más pobres, como Guizhou, se hayan subido al tren del desarrollo gracias a la llegada del turismo local. Zhenyuan, por ejemplo, un antiguo municipio de casas de piedra gris enclaustrado entre montañas frondosas y el río Wuyang, es hoy una especie de parque temático de farolillos rojos, restaurantes de pescado y tiendas de souvenirs, que atrae a centenares de turistas locales cada fin de semana. Llegan en coche (BMWs , Buicks y Porsche Cayennes incluidos) , en bus organizado, o en tren, desde Kaili, la estación de tren de alta velocidad más cercana. Ayer , después de cenar unos deliciosos zhajiangmian (fideos) junto al río, hablé con MaoMao, una joven de cuerpo menudo, tez blanca y lentillas de color marrón castaño que le daban el aspecto de una muñeca. MaoMao es de Guiyang, la capital de Guizhou, y había venido a Zhenyuan a pasar el fin de semana con su novio. Ellos iban a reservar un tour en barca por el río y me animaron a hacer lo mismo, pero al ver la foto del crucero lleno de turistas cargados con bolsas de fideos precocinados rechacé la sugerencia con delicadeza. “Tendría que consultarlo con mi acompañante, que se ha quedado durmiendo en el hotel”. En lugar de cruceros, esta mañana he optado por subir una pequeña montaña que corona el pueblo. Mientras subía la escalinata hasta la cima, donde se conservan los restos de una vieja muralla junto a un poste de electricidad, he conocido a una pareja de estudiantes de Hubei, una provincia más al norte. Iban empapados en sudor, como yo, y nos hemos sonreído con complicidad. “hěn rè”-he dicho, tirando de mis recuerdos de chino-. “Qué calor”.
“Hěn rè, hěn rè”, me ha contestado él, sonriendo. Los dos llevaban gafas, como yo, y hacían vanos esfuerzos para que no les resbalaran por la nariz del sudor. También era su primera vez en Guizhou. Han pasado cinco días visitando algunos pueblos de los alrededores y hoy ya vuelven a casa. Les hago una foto para la immortalidad. A nuestros pies, los tejados grises de Zhenyuan, el río de aguas turbias, el sonido del tren y los camiones, las eternas bocinas de las motos eléctricas: “Mec, mec”, “mec,mec”. Siempre es un pitido rápido, entrecortado, un simple aviso para decir “estoy aquí, quiero pasar”. En la plaza, los campesinos de los alrededores pasan la mañana sentados a la sombra, intentando vender su cosecha: un puñado de berenjenas arrugadas, acelgas chinas, sandías, zanahorias, pepinos.. verduras que terminarán en algun bol de fideos o de relleno de algun jiaozi. Y a lo lejos, encajonados entre las montañas y un meandro del río, los bloques de edificios a medio construir que formarán el nuevo Zhenyuan.

Una mujer hace jiaozi en Zhenyuan
Mi hotelito en Zhenyuan
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s