La bañera de Stalin

Tskaltubo, un municipio a los pies de los Cáucasos, en la parte más occidental de Georgia, llegó a ser una de las ciudades balnearios más conocidas de la URSS. Miles de personas llegaban cada año a la estación de tren de Tskaltubo- en su mayoría procedentes de Moscú- para recibir tratamiento en alguno de los majestuosos baños termales y sanatorios de la ciudad. Muchos de estos elegantes edificios , hoy semiabandonados, se construyeron en los años 50 y 60 imitando el estilo neoclásico, con lámparas de cristal, escalinatas de mármol y columnas con capiteles esculpidos con flores. Tal era la fama de las aguas termales de Tskaltubo que hasta Stalin decidió pasar aquí dos temporadas. Una en 1931 y la otra en 1950, ya terminada la Segunda G.M. La primera vez se alojó en su propia villa – hoy una mansión en ruinas, ocupada por cabras y vacas. La segunda vez ya vino a lo grande y mandó construirse un balneario especial, el llamado balneario número 6, y uno de los pocos edificios que siguen en pie y funcionando. El edificio, con su imponente relieve de Stalin esculpido en la fachada, fue construido en solo 9 meses, utilizando más de 4.000 trabajadores, muchos de ellos prisioneros alemanes de la 2a G.M. “A Stalin le dolían mucho las piernas y las aguas de Tskaltubo son buenas para las articulaciones”, me explica una enfermera empleada en los Baños num. 6, después de enseñarme la bañera especial de Stalin. En la actualidad la mayoría de los pacientes del centro son de Arzebayan,el país vecino,y también algunos rusos y ucranianos. “Con la caída de la URSS, la gente dejó de venir a Tskaltubo”, añade la enfermera, detallando que entonces los doctores soviéticos solían recetar a sus pacientes con dolencias pulmonares pasar largas temporadas en balnearios.
El declive de Tskaltubo se aceleró cuando en los años 90 el gobierno georgiano decidió alojar a miles de desplazos de Abjasia y Ossetia del Sur que huían de la guerra entre Georgia y Rusia (1992) en los hoteles y sanatorios abandonados. 30 años después, muchas de estas familias siguen viviendo en las habitaciones de estos edificios semiderruidos, sin cocina ni agua caliente, esperando a que el gobierno les consiga un piso mejor. “Cuando llegaron aquí estas habitaciones eran todo un lujo, y ahora se caen a trozos”, añade con voz triste la guía local que nos acompaña. Su sueño es que algun día lleguen los inversores privados y los elegantes balnearios de Tskaltubo vuelvan a resplandecer.

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