Viernes

barcelona-2064512_960_720Antes me gustaban los viernes de invierno. Me gustaba comer en casa y pasarme la tarde leyendo junto a la ventana, esperando a que se hiciera oscuro. Entonces me levantaba del sofá para encender la luz y bajar a la cocina a prepararme un té. Mientras el agua se calentaba, hojeaba la cartelera en el periódico y decidía qué película miraríamos esa noche. Oren llegaría sobre las siete con una barra de pan recién salida del horno y una bolsa llena de los quesos que me gustaban: brie de Meaux, Reblochon, Comté, Sant Nectaire… Se acordaba de todos. Dejaba la bolsa sobre la mesa, despacio, me besaba en los labios, adivinaba qué té me había tomado – “canela y miel”, me susurraba al oído, mientras yo le sacaba el abrigo – y después hacíamos el amor sobre la mesa de la cocina. “Un día nos verán los vecinos”, decía. Pero a mi me daba igual si nos veían los vecinos. Quería sentir como las manos de Oren entraban en calor con el contacto de mi piel, rozar sus mejillas encendidas por el frío, oír el tintineo de las monedas guardas en los bolsillos de sus pantalones al caer estos al suelo. Luego, muertos de hambre, abríamos los quesos y el vino, y hablábamos sobre qué tal nos había ido el día. “Hoy una alumna me ha preguntado por ti”, me decía. “¿Y qué le has dicho?”. “Que los viernes aprovechas para ir a la Luna”. Después Oren se duchaba, yo ordenaba mi estudio y nos íbamos al cine.

Pero ahora Oren ya no está. Fue precisamente una fría tarde de viernes, los dos cogidos de la mano, abrigados hasta los dientes, cuando se desplomó en el suelo y ya nunca más despertó. La gente que hacía cola para entrar en el cine formó un círculo a mi alrededor: “¿Qué ha pasado?, ¿Qué le ocurre?”  – oía a mis espaldas. Yo solo veía a Oren tumbado en el suelo, sus ojos grises sin decirme nada, su mano sin fuerza sujetando aún la cartelera.

“Una embolia fulminante, pero lo bueno es que no ha sufrido”, me dijeron.

“Una embolia fulminante, pero lo bueno es que no ha sufrido”, pienso yo cada viernes de invierno, cuando el cielo se vuelve rojizo y sé que pronto no tendré luz para leer. Entonces dejo  el libro a un lado, enciendo la lámpara de pie y bajo a la cocina a prepararme un té. Sigo tomándolo con canela y miel e imagino que Oren me sonríe desde la Luna. Al final, él llegó antes que yo.

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En busca del altar perdido

altar de miraflores

Agosto, septiembre, octubre … los meses pasan rápido en Berlín. Horas perdidas en la biblioteca, paseando en mi bicicleta oxidada y contemplando los cuadros de pintores flamencos en la Gemälde Galerie, en la Potsdamer Platz. Cada miércoles por la tarde me refugio allí, aprovechando que no cierra hasta las diez de la noche. Tengo las salas para mi sola. Me obsesiona el Altar de Miraflores, un retablo de Rogier van der Weyden que me tocó analizar en un examen del Courtauld. Me he llegado a pasar más de media hora contemplando el vestido azul de la figura de la Virgen sujetando al Cristo muerto. Cada pliegue de tela, cada sombra sobre su rostro, cada mueca la convierten en un ser real.

En la biblioteca del Courtauld llegué a memorizar cada detalle del cuadro. Uno de los aspectos que más me fascina es la precisión con la que Van der Weyden utiliza la técnica de la grisalla para reproducir al detalle la arquitectura gótica que enmarca la escena. Contemplando esta pintura llego a olvidar que estoy en Berlín y me traslado al Renacimiento. ¡Ah! Si hubiera nacido seis siglos antes… Quizás podría haber hecho realidad mi sueño, ser mujer florero, en lugar de comerme el coco todo el día pensando de qué trabajar para ganar dinero. Hubiera sido una gran aristócrata: todo el santo día pensando y leyendo, sin tener remordimientos de conciencia.

En la misma sala que el Altar de Miraflores hay expuesto un retablo de Lucas Cranach que consigue romper toda la armonía de mis pensamientos. Se llama La fuente de la juventud. Está divido en tres partes. En el primera se ve a un grupo de ancianas desnudas, con el cuerpo deformado y lleno de arrugas, que son transportadas con carretas hacia una piscina de aguas transparentes. En el panel del centro, las viejas descienden por unos escalones con la intención de bañarse en dichas aguas. Son las aguas de la inmortalidad, el paraíso. En la tercera parte del cuadro, las viejas se han transformado en jóvenes bellas y esbeltas. Su piel se ha vuelto rosada y sus arrugas han desaparecido.

En la Edad Media la gente soñaba con alcanzar el paraíso, la juventud eterna. Yo me conformo con ser mujer florero, insisto. Sin embargo, cómo dice Cranach, parece ser que para disfrutar del paraíso es necesario experimentar la dureza de la vida, envejecer y morir. Después de contemplar este cuadro, me suelo marchar de la Gemälde. Agarro la bicicleta y pedaleo hasta casa, dejando atrás los edificios iluminados de la Potsdamer Platz y sorteando las aglomeraciones de turistas en la puerta de Brandemburgo, esperando que Pere haya preparado la cena y me suba la moral.

*Extracto de “Operación Berenjena”, escrito en Berlín en 2006.  Aún no he logrado ser mujer florero.

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Tanto el dinero como los diarios son papel…

Tanto el dinero como los diarios son papel

Francesc Ruiz, Cairo newsstand, (The paper trail @fundació Suñol, nivell0, Barcelona). Una buena expo y una buena excusa para conocer un espacio expositivo en Barcelona que probablemente no conocéis

 

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“las ideas de los materiales muchas veces son mejores que nuestras propias ideas”

Theo Jansen en Barcelona

Se dice que la gente que viaja o que ha vivido un tiempo fuera de su país  es más abierta de mente, más tolerante, tiene menos prejuicios y bla, bla, bla. Mi experiencia me dice que esto es falso. Durante los ocho años que residí fuera de Barcelona(los últimos cuatro, en Pekín) , tropecé con gente de todo tipo: garrulos, simpáticos, racistas, pseudo-colonialistas, amantes de los idiomas, inadaptados, quejicas, creativos o aburridos. Conclusión: si sales de tu país con una mente cerrada, probablemente no cambies, o te vuelvas peor. “Hay gente que no debería haber salido nunca de su pueblo”, escribió Orwell en Burmese Days. Lo que no quiere decir que los que no han salido nunca de su pueblo sean cerrados. Supongo que la educación que recibimos de nuestros padres, el entorno en que crecemos, nos marcan mucho más que la suma de experiencias en el extranjero.

Todo este rollo lo suelto para decir que, de hecho, algunas de las personas más creativas, curiosas y abiertas de mente que conozco han salido pocas veces de su barrio. Hablo sobretodo de artistas, gente sensible, y por lo general de espíritu abierto, capaces de expresar su visión del mundo de una forma especial.  El ejemplo más evidente lo tuve hace un par de días, escuchando al artista Theo Jansen en una conferencia celebrada en el Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC). Quizás su nombre os deje indiferentes. Pero estoy segura de que recordaréis la campaña de publicidad de BMW  en la que aparecían sus esculturas gigantes hechas con tubos, que se desplazan solas por la playa…

Una vez has visto una de sus creaciones (él las llama “strandbeest”, bestias de la playa)  es difícil olvidarlas. Las estructuras están  hechas con unos tubos de plástico de color amarillento que en Holanda se utilizan para cubrir los cables de la electricidad. Jansen, un hombre alto y apuesto, con una melena blanca  que le cae por encima del hombro que le da cierto aspecto de druida, nos explicó que lleva viendo estos tubos desde que era un crío. También lleva residiendo toda su vida en la playa salvaje del Mar del Norte que aparece en el spot de BMW.

La idea de crear estas esculturas era crear un mecanismo natural para proteger la costa holandesa de desaparecer bajo el mar. Sus strandbeest se desplazan por la arena gracias al  viento, y algunas son capaces de modificar el terreno, haciendo diques naturales.

Sinceramente, no entendí casi nada sobre la tecnología inventada por Jansen para lograr que sus bestias se desplacen solas. Habló de números mágicos, de selección y reproducción por ordenador para proyectar las piernas y músculos de cada una de sus bestias, que él bautiza con nombres diferentes. Miré a mi alrededor: un centenar de arquitectos gafapastas catalanes y estudiantes extranjeros del IAAC  escuchando a Jensen boquiabiertos. Ellos sí parecían entenderle mejor. Pero daba igual. Jensen, con su aspecto de encantador, de profesor loco, nos encandiló a todos. Nos hizo reír desde el principio, cuando nos hizo una  demostración práctica de lo que hacía con los tubos de plástico cuando era  un niño. Jensen enroscó un papel en forma de pergamino, lo chupó bien por el extremo, sopló fuerte por el tubo y el cohete de papel salió disparado por la ventana.

Jansen, a sus 62 años, sigue siendo el mismo niño travieso y mal estudiante que él dice que fue. No acabó nunca la carrera de Físicas y regresó a su aldea costera del mar del Norte para volcarse en sus creaciones.  Hoy, este hombre ligado a su tierra natal, se ha convertido en una estrella del panorama artístico internacional. Sus “strandbeest” están consideradas trabajos brillantes en el campo del  arte cinético, o “arte en movimiento”. Su filosofía de creación es rompedora, tiene miles de admiradores en todo el mundo. En Japón y Estados Unidos, hay  estudiantes de arquitectura y creadores de todo tipo intentando imitar o mejorar sus estructuras vivientes.

¿Podemos conseguir que anden en círculo? ¿qué hablen? ¿que se metan en el mar? Jensen animó al público del IAAC a seguir investigando. A él “sólo” le quedan 20 años por delante.

“Experimentad con  los materiales, no dictéis al material lo que debe hacer”, aconsejó Jansen a los presentes. Para él, los tubos de plástico son las “proteínas”, componentes esenciales para la vida de un organismo.

Es difícil olvidarse de  sus standbeest . Es asombroso que un mecanismo artificial sea capaz de andar sólo, sin energía artificial de ningún tipo. Verlos desplazarse por la arena puede recordar a un batallón en marcha o al esqueleto de un dinosaurio que se ha escapado del Museo. Cada uno es libre de interpretarlos como quiera. Eso sí, son animales “domesticados”, porqué no “van a ninguna parte sin él”, bromea Jensen.

Un estudiante de origen asiático con gafas de pasta,  gorro de lana y bambas con lentejuelas , le pregunta al maestro si ha establecido algún tipo de relación emocional con su rebaño de strandbeest. A Jansen se le escapa la risa. “Tengo una relación estrecha con mis animales, pero no es el mismo sentimiento que tengo hacia mis hijos, o mi perro… no es amor; más bien es una relación de interés”, contesta Theo, divertido. Las tiene en la playa, cerca de su casa, porque no podrían estar en otro lugar. “Yo nací y me crié en esta playa. Es un escenario que ha estado presente en mi imaginación toda mi vida. Y es allí donde quiero criar a mis animales”.

ilustración de Juanjo Sáez para el diario ARA

Otro artista que conocí hace poco y cuya obra está estrechamente vinculada a su barrio,  su ciudad, su casa… es el dibujante e ilustrador Juanjo Sáez. No le conozco mucho, pero me dio la impresión de que de haberse criado enLa Sagrera, un barrio obrero de Barcelona, ha marcado claramente su obra. Sáez, que ya le queda poco para los 40, reconoce que no ha viajdo mucho. Tampoco habla idiomas. Pero es un tipo curioso, tolerante, creativo y de mente abierta. Sus cómics y ilustraciones para distintos periódicos respiran autocritica e ironía. Sáez es capaz  de captar la esencia de la sociedad global  sin necesidad de haber vivido o viajado por medio mundo. Juanjo, igual que Jansen,  asegura que fue un estudiante mediocre en la escuela y sigue residiendo enLa Sagrera.

La clave está en la actitud. “Cada mañana me levanto con una idea y me voy al estudio, feliz, en mi bicicleta. Me paso el día entero y veo que la  idea no me sale. Al día siguiente, vuelvo con otra idea, y así cada día…”, dice JAnsen. “Lo que planifico nunca consiguo que tenga éxito, todo lo que he creado ha sido fruto de observar el  universo de posibilidades de los materiales”, añade Jansen. “No dictes al material lo que tiene que hacer, no esperes que te obedezca. “Porque las ideas de los materiales muchas veces son mejores que nuestras propias ideas”, concluye JAnsen.

AUCA DE LA CATALUNYA CONTEMPORÀNIA

Quan es posa a ploure a bots i barrals pots trobar refugis molt interessants. El dissabte passat a mi el diluvi em va enxampar al carrer Hospital i vaig entrar a la sala d’exposicions de la Capella (http://www.bcn.es/lacapella/catala/110923.htm).  Al llegir el títol de la mostra actual em vaig quedar igual:   “La qüestió del paradigma. Genealogies de l’emergència en l’art contemporani a Catalunya” . No he entès mai perquè els comissaris s’empenyen en escriure coses tan entravessades.  Poster podria trucar al Sr. Manuel Segade, el comissari, i preguntar-li. Un amic m’ha suggerit que entrevisti persones mentre menjo albergínies i després ho publiqui al blog. Potser és bona idea. El cas és que la expo és un interessant recull de projectes d’artistes catalans reconeguts, comIgnasi Aballí, Martí Ansón, Bestué / Vives, Carlos Pazos, Tere Recarens o Eulàlia Valldosera.

De tots els treballs presentats, destaco un de David Bestué i Marc Vives, dos artistes que treballen en equip des de fa temps i que jo no coneixia. http://www.bestuevives.net/

El projecte es diu  MOMENTS RELLEVANTS DE LA CATALUNYA CONTEMPORÀNIA (2006) . Ve a ser una mena d’ auca moderna del nostre país, en to  irònic i autocrític.  Tant de bo els ciutadans i polítics catalans tinguessin el mateix esperit crític que els artistes.

Us deixo amb unes quantes vinyetes de l’auca que vaig robar amb l’Iphone.


“Es una pena que no se conozca mejor la cultura israelí”

Nitzan Gilady en el festival Medimed, Sitges, 2011 copyright: MEDIMED

Entrevista a Nitzan Gilady, director de cine

Israelí y homosexual. Al director de cine Nitzan Gilady (Beer Sheva, 1970)  le resulta difícil desprenderse de estas dos etiquetas, tanto en su vida artística como personal. Hace un par de semanas, Gilady viajó a Barcelona para presentar su película más famosa, “Jerusalem is proud to present” (2006) , un documental sobre la batalla por  celebrar el “Día Mundial del Orgullo Gay” en la capital sagrada de Israel. La peli, galardonada con diversos premios internacionales, refleja al detalle la división existente en la sociedad israelí. Especialmente en Jerusalén,  hogar de los principales  líderes religiosos  y de la población más conservadora del país.   Por primera vez en mucho tiempo, los dirigentes ortodoxos judíos, musulmanes y cristianos de Jersualem se pusieron de acuerdo en algo: impedir a toda costa la celebración de un evento que , según ellos, “profanaba la ciudad santa”.

Los impulsores de llevar el Día del Orgullo Gay a Jerusalén  fueron los miembros de La Casa Abierta (Jerusalem Open house) , un colectivo  local de LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Gilady refleja al detalle la  ilusión de los organizadores y los momentos de tensión  durante los enfrentamientos contra la comunidad ortodoxa judía.  La polémica celebración del Día del Orgullo Gay llegó a convertirse en un tema de debate en el Parlamento. Los políticos más conservadores lanzaron campañas de difamación contra los LGBT y algunos miembros de la Casa Abierta llegaron a recibir  amenazas de muerte.  Pocas semanas antes del evento, los rabinos del barrio ortodoxo de  Me’a Shearim convocaron a la comunidad para salir a a la calle y protestar de forma violenta contra la celebración del día del Orgullo Gay. En el filme hay imágenes impactantes de  jóvenes  ortodoxos con los tradicionales rulos, barba larga y sombrero de copa lanzando piedras, quemando neumáticos  y enfrentándose a la policía.  La revuelta violenta acabó con numerosos detenidos.

Por “motivos de seguridad”, los organizadores se vieron forzados a cambiar dos veces la fecha prevista del evento, al coincidir con momentos de tensión en la región. El documental insinúa que las noticias bélicas fueron manipuladas por las autoridades para convencer al colectivo de la Casa Abierta a llevar a  cabo un Día del orgullo Gay más discreto, en lugar de un desfile por todo lo alto.  Al final, la celebración se limitó a un evento dentro de un pabellón deportivo y fue mucho menos visible de lo que los organizadores hubieran querido.

“Celebrar el día del orgullo gay en Jersualén era muy significativo, porqué allí todavía existe un enrome rechazo hacia los homosexuales”, comenta Gilady después de la proyección, que tuvo lugar en el auditorio de la Illa Diagonal, en el marco de las actividades organizadas entre la Embajada de Israel y el Ayuntamiento de Barcelona.

Gilady vive en Tel Aviv, como la mayor parte de la comunidad homosexual israelí. Tel Aviv es una ciudad moderna, cosmopolita, cosmopolita, “incluso más abierta  que otras ciudades europeas”, opina Gilady, encendiendo un cigarrillo a la salida del auditorio.  Joven, apuesto, de tez morena y con unos ojos grandes y oscuros,  que lo observan todo con mirada inquieta,  Gilady tiene la apariencia de un tipo  cool, la del actor guapo  que lo consigue todo sin esfuerzo. Sin embargo, Gilady es un realizador autodidacta, reflexivo y crítico con la sociedad de su país. “Es una pena que aquí [en Europa] no se conozca mejor la realidad y la cultura  israelí. En  estos momentos hay muchos artistas  con ideas interesantes. El país está cambiando”,  explica el realizador, poniendo como ejemplo las recientes protestas juveniles en contra del gobierno de Netanyahu. Igual que en Barcelona o Madrid, los “indignados” de Israel han salido a la calle para manifestarse contra las crecientes  desigualdades sociales y la falta de oportunidades para los jóvenes. (aquí interesante artículo de Henrique Cymernan sobre el tema).

Para hablar de la nueva generación de artistas israelís, Gilady menciona al escritor Edgar Keret, de 44 años, autor de libros de relatos cortos como Pizzería Kamikaze (Ed. Siruela). Son historietas protagonizadas por jóvenes que ironizan sobre las paradojas y contradicciones que se viven en su país. A mi me encantó.   “Dos días después de suicidarme he encontrado trabajo en una pizzería que se llama Kamikaze y que forma parte de una cadena. El encargado de los turnos se ha portado muy bien conmigo”…)

En una entrevista reciente al Magazine de La Vanguardia, Keret se definía a si mismo como “un hombre de izquierdas y liberal. Tengo un padre derechista, una esposa pacifista, un hermano anarquista y radical que abandonó Israel y una hermana colona con 11 hijos que cree en una teocracia. Todos discutimos y nos queremos”.

Gilady le ocurre un poco lo mismo que a Keret:    es el hijo “rebelde”  de una familia  judía conservadora que que emigró de Yemen a Israel poco antes de nacer él.  Los conflictos ideológicos con su su padre y sus dos hermanos le sirvieron de inspiración para  su última producción: “Out of Yemen“, que el realizador acaba de presentar en el festival de documentales  Medimed, en Sitges. “Ha sido una ocasión fantástica para poner en común los proyectos  de los directores del Mediterráneo”, explica Gilady, satisfecho de haber participado en el certamen.

Out of Yemen es un relato de un viaje excepcional que decide emprender una familia israelo-yemení al Gran Cañón del Colorado, con la intención de reflejar las diferencias de pensar entre los padres y sus hijos.  El peso de las tradiciones yemenís, el conservadurismo religioso de su padre ….  “¡pero incluso entre hermanos somos tan distintos!”, bromea Gilady en referencia a su caso. Quizás él , al ser gay, es quién lo ha tenido más difícil.  “He visto que en muchos sitios de Europa también es difícil que tus padres te acepten como homosexual”, añade Gilady.  Lo importante es seguir luchando contra todo tipo de discriminación, insiste, tocándose nervioso el pendiente.  Es su última noche en Barcelona. Antes de que se vaya a cenar, le pregunto por el  bar Shushan, el único lugar de encuentro para LGBT de Jerusalén, al menos en el momento que realizó su documental. Me responde que, lamentablemente, lo han cerrado. Las noches locas en el  Shushan reunían para bailar y cantar a  homosexuales y travestidos  de las tres religiones, judíos, cristianos y musulmanes. “Si la vida real  fuese como una  noche en el Shushan, Jerusalén sería mucho mejor”.

El Palau de la comtessa de Palamós

Quin plaer produeix descobrir nous racons a la teva pròpia ciutat! Aquest matí, mentres buscava  la seu de l’Arxiu Municipal Contemporani de Barcelona (AMCB), he topat amb el Palau Requesens. No hi havia estat mai. Es tracta d’un palauet medieval del segle XIII, aixecat sobre l’antiga muralla romana, al final d’un carreró estret anomenat Bisbe Caçador.

Palau Requesens, un matí de finals de maig @by me

El carrer tampoc el coneixia. Un altre descobriment “a la meva pròpia ciutat”. O potser hauria de retrocedir en el text i reconèixer en públic que jo sóc de poble, que Barcelona no ha estat mai la meva ciutat, encara que els meus amics se’n riguin de mi quan em senten dir això. Doncs sí.  Jo em vaig criar a Cabrera de Mar – poble burilla del Maresme –  i després de molts anys voltant pel món, visc per primera vegada a la Ciutat Comtal, alias, Erasmus and tourists paradise. Reivindico que em sento de poble i que em miro Barcelona amb ulls de guiri.

Per als ignorants com jo:el cul de sac anomenat carrer del Bisbe Caçador neix a la plaça Sant Just, on està l’església de Sant Just i Pastor, una de les més maques de Barcelona, segons el meu parer.  A pocs metres dels turistes que es torren al Sol prenent cafè a la plaça, o dels que divaguen perduts en busca de la plaça Sant Jaume i dels primers souvenirs del dia, el silenciós Palau Requesens, com suspès en el temps. La senzillesa dels seus murs de pedra, de l’escalinata que puja fins a la llotja  d’arcs apuntats, sostinguts per columnes primes i elegants, respira l’elegància única del gòtic català.

El palau va ser  reformat cap a la fi del segle XV, quan va ser ocupat per Galceran de Requesens, comte de Palamós i governador general de Catalunya. La major part de l’obra conservada correspon a la reforma del segle XV. De l’original romànic es conserven les finestres coronelles obertes en el mur edificat sobre la muralla romana, que tanca el pati per l’est,  per on s’entreveuen els edificis més moderns de la Via Laietana.

No hi ha cap cartell informatiu que expliqui la historia d’aquest palauet, que avui alberga la seu de la Reial Acadèmia de Bones Lletres. És una llàstima. Resulta que la comtessa de Palamós, Isabel de Requesens i Enríquez, fou una dama de gran bellesa, i molt poderosa. Isabel va ser arribar virreina de Nàpols. Al Museu del Louvre es conserva un retrat d’Isabel Requesens del 1518, firmat per un deixeble de Rafael, Giulio Romano.

Retrat de Isabel Requesens, comtessa de Palamós (Museu del Louvre, París)

“La literatura es como una imbecilidad, no tiene definición, sino muchos ejemplos”

Alessando Baricco (Turín, 1958) es un orador nato. Su capacidad de retórica le permite ímprovisar  grandes respuestas  a preguntas complicadas en una rueda de prensa:  “la literatura  es como una imbecilidad, porque no existe una definición concreta, sino muchos ejemplos”.

El dominio del lenguaje estético y  la creación de entornos irreales son dos puntos fuertes de la prosa de Baricco, autor de bestsellers como Océano mar (1993) o Seda (1996),  considerado uno de los novelistas estrella de la literatura italiana de los últimos veinte años.

 No obstante, en su última novela,  Emaús, traducida al castellano por  Anagrama y presentada ayer en Barcelona en el marco del festival literario Kosmopolis, Baricco ha apostado por abandonar ligeramente lo misterioso y desconocido, y acercarse un poco más al mundo real: las vivencias de cuatro adolescentes de clase media baja en una ciudad del norte de Italia, probablemente Turín, en los años 70.

 “Se trata de un libro también extraño para mí, con trazos autobiográficos, y basado en  una realidad reciente”, reconoció ayer Baricco durante la presentación del libro en el marco del certamen literario organizado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).

Recurriendo a una narrativa elocuente y poética, lejos de querer ser una novela costumbrista,  Emaús refleja el contraste entre dos mundos que conviven en una misma ciudad. Por un lado, el de la alta burguesía –  “progre”, abierta, moderna-   simbolizada por el tópico de una joven sensual y libertina, en este caso llamada Andre. Por otro lado, el enclave cerrado y regido por los preceptos de la fe católica  al que pertenecen los cuatro protagonistas, Bobby, Luca, el Santo y el propio narrador.

“Andre simboliza para ellos el mundo abierto, al que sólo podrán tener acceso unos instantes” , explicó Baricco. Sexo, masturbación, menage a trois, abortos, muerte, travestis. De  la mano de Andre, un mundo inalcanzable se abre a los cuatro muchachos, aislados en un entorno asfixiante, condicionado por la estricta formación católica, la represión sexual y los problemas familiares.

“Andre no es de nadie, pero nosotros sabemos que, al mismo tiempo, es de todos”, avanza el narrador en las primeras páginas de la novela, haciendo uso del lenguaje misterioso que caracteriza toda la novela. Según Baricco, la voz del narrador es una “superposición de muchas voces: la de un joven de joven de 17 años, pero también la de un hombre que recuenta su vida 30 años después”.  “Es como escuchar música con dos instrumentos distintos, de una manera simultánea”, especificó el autor italiano.

La amplia formación musical de Baricco ha sido clave a la hora de desarrollar su particular estilo literario, basado en  la cadencia de imágenes y estructuras lingüísticas, que dan  “ritmo y melodía a sus novelas”,  observa Francesco Ardolino, profesor de Filología Románica de la Universitat de Barcelona (UB) y experto en literatura italiana contemporánea. “Baricco no me parece un escritor excepcional pero ha sabido encontrar una línea diferente en el panorama literario de nuestro país tras la muerte de Italo Calvino [el gran referente de la literatura contemporánea italiana], en 1985”, añade el especialista de la UB.

Baricco admite que escribir Emaús no fue una experiencia agradable. “Tuve que repescar los recuerdos y vivencias reales de mi adolescencia, una etapa que no recuerdo particularmente feliz”, explicó el autor, manteniendo el mismo tono relajado durante toda la rueda de prensa – “aunque no tan trágica como la de los protagonistas”, añadió Baricco. Para “curarse” de Emaús, se ha puesto a escribir un libro ligero y más divertido.

El título del libro, Emaús, hace referencia a un pasaje bíblico en el que dos hombres se encuentran con Jesucristo resucitado, pero no se dan cuenta hasta que éste ya se ha marchado. “La historia me pareció un reflejo de la mirada de la juventud ante la vida. Me recordó a esa desintonía entre hacer las cosas y el momento de entenderlas. Después, uno tiene toda la vida por delante para curarse de esa brecha de 30 segundos”, bromeó el autor.

(versión original de texto más corto aparecido en Público): http://www.publico.es/culturas/368105/alessandro-baricco-la-literatura-es-como-una-imbecilidad-no-tiene-definicion