Olors d’hivern

Per fi. Per fi un sofà per a mi sol, va pensar, doblegant els braços sota la nuca i estirant les cames fins que els peus van quedar penjant sobre el reposa-braços. Si la seva mare hagués vist que s’ havia estirat al sofà amb les sabates posades, l’hagués renyat com si fos un nen. Acabava de fer 41 anys, però per ella encara seguia sent el seu Aliosha,  el seu fill petit. I ara, després de 13 anys a l’Àfrica, el seu Aliosha havia tornat a casa. “Aliosha, guapo, per què tanta  pressa en trobar pis i marxar a Barcelona? No n’has tingut prou, d’estar sol? Si al menys tinguessis nòvia…”
L’ Alex escoltava la seva mare i reia. Cap dels seus amics del poble li deia Aliosha. Tampoc cap d’ells li recriminava que no tingués parella. “Crack, aprofita, tu que pots”, li deien.  La majoria s’havien casat i tenien criatures. Se’ls va imaginar canviant bolquers o fregint barretes de peix congelat i no li va semblar un pla de dissabte tan dolent. Ell  es passaria aquella nit espaterrat al sofà d’Ikea que havia muntat aquell matí, gaudint del sol que entrava per la finestra. Estava tan a prop del mar que li semblava sentir-lo. 

“Sobretot, que el pis estigui a prop d’un Mercadona’, havia insistit la seva mare els darrers mesos . Al Poble Nou només hi havia un Mercadona, el de la Rambla, però ho havia aconseguit. Li agradava el.Mercadona. Era barato, sabia on estava tot i venien un hummus preparat boníssim.
-Al Mercadona? Però si ni tan sols tenen Donuts de marca- li havia dit la seva amiga Judit, que l’havia trucat aquella tarda  mentres feia la compra.- Has de provar els donuts pantera rosa, quan vas marxar  a l’àfrica encara no existien.

-Donuts roses? Quina por. He comprat pomes.
-Ets un miedica.

Va riure sol. Feia temps que ningú li deia miedica. Però uns donuts roses, ara que intentava cuidar-se i estava a punt de fer-se vegà… 

Des del sofà li va arribar l’olor de coliflor bullida de casa dels veïns. Olor d’hivern, va pensar, mirant les bosses de la compra, que s’havien quedat a terra, davant la porta d’entrada.  Es va aixecar poc a poc, va recollir les bosses de terra i va arrossegar-se cap a la cuina. Havia decidit que soparia una poma escalfada al microones, amb una mica de mel i canyella. Mentre esperava a que acabés de coure’s, el va trucar la Judit

-què fas Jaimito? T’has comprat els donuts roses o has anat a caçar?
-m’estic fent una poma al forn. Bé, al microones.  7 minuts i mig. Un truc de la meva mare.
-ah, sí? I si la poses  7 min i 53 segons què passa? Explota? Es transforma en petit suisse? No sabia que eres un cuinetes. Deus estar madurant. Has notat algun altre símptoma, a part de que vas al mercadona?
-que ja no menjo donuts roses – va dir l’Alex traient la poma del microones. Feia una pinta dubtosa. -Però potser m’he precipitat.

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mi chaqueta china

Desde hace un par de meses voy a trabajar a un coworking en Poble Nou, un antiguo barrio obrero cerca de la playa, que ahora es el lugar favorito de las familias de guiris que vienen a vivir a Barcelona. Entre ellos está P, un irlandés que se dedica a dar cursos de formación a directivos americanos. P se pasa media semana en Nueva York y la otra media encerrado en el coworking, al que se desplaza en patinete, esquivando colegiales y turistas que colapsan la Rambla del Poble Nou a determinadas horas del día. 

Pero el fin de semana pasado, a P le dio un tirón en la pierna haciendo rappel y ahora no puede usar el patinete. Así que ayer al salir de la oficina fuimos juntos andando rambla arriba, contenta de tener un compañero desplazándose a mi ritmo tropical habitual.

-oye, Andrea,¿ por qué vas vestida de invierno?- me preguntó, señalando mi chaqueta verde de corte chino, larga hasta los pies.

-¿no te gusta? La compré en Pekín.

-pero mira a tu alrededor, la gente va en bermudas, están comiendo helados…

En efecto, en la esquina de la heladería El Tío Ché, un grupo de adolescentes en camiseta y pantalón corto esperaba su turno para comprarse el cucurucho de la merienda.

-mi termostato es especial. Hace un par de semanas decidí sacarme el edredón y me cagué de frío. Me lo he vuelto a poner y no lo sacaré hasta mediados de julio. Después de esa fecha, igual me baño en la piscina. 

-Claro, eso es porque vives en un pueblo y allí hace más frío-se mofa P.-¿ Mañana estarás en Kansas o bajas a Barcelona?-me pregunta, cuando nos despedimos. La canguro de su hija está esperando a que llegue. 

-En Kansas!-le grito, mientras cojea hacia su portal.

Ya en el tren a Vilassar, apretujada entre estudiantes sudorosos y otros hombres y mujeres que vuelven a casa del trabajo, recibo un whatsapp de P:

“Hoy me has recordado a Kyle, de Terminator”

(El otro día me dijo que mi foto de perfil le recordaba a la peli Alien)

“Voy a googlear. Espero que al menos Kyle sea chica”.

Googleo y aparece esto:

-eres idiota

-por tu chaqueta.

-eres idiota

-tendrías que sentirte halagada, era el tío más guay en todas las pelis..

-eres idiota

-eres la primera mujer que se ofende por no haber sido objeto de sexualización.

Al levantar la vista del móvil, el sol del atardecer iluminaba las polvorientas palmeras del paseo marítimo de Premià, donde un par de jubilados sin camiseta sacudían la toalla para sacar la arena. Igual sí, que hacía un poco de calor.

¡Tiberios a 30 euros!

Mi prima Alejandra me llevó ayer a conocer el Cercle Filatèlic i Numismàtic de Barcelona, la asociación de aficionados al coleccionismo de sellos y monedas más antigua de España, fundada en 1924. Alejandra no tiene ni idea de monedas, como yo, pero su amigo Marc, un ex agente de las fuerzas de seguridad, de 39 años, es un coleccionista apasionado desde que es un niño, y cada martes se lleva a mi prima a la sede de la asociación, en un pequeño entresuelo del Eixample Esquerre.img_20160209_182023.jpg

“Los martes es el día que hay más ambiente. Vienen asociados de las comarcas de los alrededores para hablar de sus últimas adquisiciones, intercambiar o revender monedas, o consultar libros.  El Cercle tiene probablemente la mejor biblioteca de numismática de España”, me explica su presidente, Xavier A.R, un cuarentón de brazos fornidos y barba cuidada. El local está repleto de estanterías llenas de libros antiguos y vitrinas con monedas en exposición, y en el centro hay una gran mesa de madera donde un grupo de jubilados conversa animadamente sobre monedas romanas.  “La mayoría de los asociados son gente mayor, pero hay algunas excepciones, como Marc o como yo”, comenta el presidente, que se niega a darme el número exacto de socios por un tema de confidencialidad. “No queremos que la competencia sepa quiénes somos y qué manejamos”, añade Xavier. En el año 1955, un grupo de socios del Cercle decidió escindirse de la entidad para formar la Asociación Numismática de España (ANE), con sede también en Barcelona, y desde entonces ambas organizaciones compiten en su función de fomentar el coleccionismo y promover el estudio del sello y la moneda.

Xavier dice que su afición por el coleccionismo empezó de pequeño. “Era el típico niño que coleccionaba de todo, sin saber por qué”, admite, riendo. De mayor se fue especializando en monedas, y ahora tiene ya una pequeña colección, que incluye desde una moneda de 50 céntimos de la época franquista dedicada a San Pancracio – un regalo de su abuelo – a varios Thalers alemanes, un tipo de moneda de plata que circuló por Europa entre finales del siglo XV e inicios del XX. Según su estado de conversación, un Thaler alemán puede costar entre 20 euros y 6.000 euros, me explica Xavier. “Soy un friki en toda regla, colecciono monedas de todas las épocas y países”, añade el presidente, mientras ordena papeles en el mostrador de recepción. Por encima de su cabeza asoma una fotografía ampliada en blanco y negro del fundador y primer presidente del Cercle, el empresario catalán José Luis Clot.

El coleccionismo de monedas es una afición 100% masculina, en el Cercle no hay mujeres. Solo encontrarás mujeres en el coleccionismo de placas de cava”, comenta un señor grandullón y medio calvo de unos sesenta años, abrigado con un chaleco impermeable. El señor ha venido a pedir cambio a Joan, uno de los socios más veteranos, que se ocupa de la caja fuerte y de asesorar a los socios que tengan algún tipo de consulta sobre monedas.  Vestido con una camisa de cuadros de leñador, Joan es un hombre más bien pequeño, con el cabello canoso peinado hacia atrás y un bigote largo y espeso que cubre su labio superior, entorpeciendo su habla. Joan empezó a aficionarse a la numismática en los años 80 y desde entonces lo que más le preocupa es el impacto de Internet en el mercado de las falsificaciones. “Hay que ser cauteloso”, me dice, intentando hacerse oír entre el murmullo de voces masculinas que invade el local. Joan recuerda el caso de un intento de falsificación con un Sol de Oro, la antigua moneda del Perú, y me explica los viajes que realizaba a Suiza en los noventa junto a un grupo de numismáticos españoles para participar en las subastas de monedas antiguas. “Antes la moneda tenía valor por la cantidad de oro o plata que llevaban, en la actualidad su valor es simbólico” , me explica, antes de atender a un socio que quiere consultar un libro.

img_20160209_191219.jpg“Cada primer martes de mes organizamos una subastilla entre nosotros y el local está todavía más animado, porque vienen los socios de comarcas”, me explica Antonio, un coleccionista jubilado, vestido con pantalón de pana y jersey de punto de color beige. Antonio se aficionó a las monedas antiguas cuando tenía 20 años y acabó montando su propia tienda de antigüedades en la calle Muntaner. “Llegué a vivir de esto”, recuerda este hombre de sonrisa afable y cabeza totalmente calva. La tienda cerró hace unos años, pero Antonio sigue manteniendo su colección de monedas, que guarda en casa y en el banco. “Me interesan sobre todo las monedas del mundo antiguo, romanas, ibéricas, medievales…”, comenta, echando un vistazo a la colección de monedas, protegidas en una funda de plástico, que un compañero suyo acaba de depositar sobre la mesa. La colección incluye diversos kopeks de plata diminutos de la época del Pedro el Grande ( un zar de Rusia) y un bello ejemplar de tiberio romano, también de plata, con relieves del César e inscripciones a ambos lados.  Su propietario, un apicultor chaparro de Sant Llorenç de Savall, nos dice que está valorada en 300 euros. “Da igual de qué época sea, comprad siempre monedas bonitas, que se revalorizan más”, nos aconseja Antonio a Alejandra y a mí, que nos hemos quedado embobadas contemplando la delicada belleza de la moneda romana.

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moneda romana de la época del emperador Tiberio

“¡Yo vendo Tiberios a 30 euros!”, grita otro jubilado de mejillas sonrojadas y con una boina azul en la cabeza, volcando sobre la mesa su colección de monedas. Tiene acento vasco y no para de decir tacos. Nos dice que es de Cascante, un pueblo de Navarra, y busca entre las monedas un ejemplar de plata en el que puede leerse la inscripción en latín Cascantus. “¡Fue acuñada en mi pueblo!”, exclama, con orgullo. Esta tarde espera poder vender algunas piezas y nos anima a mí y a Alejandra a comprar. Le decimos que no, muertas de risa, después de oírle escuchar su fiesta de Carnaval en la Costa Brava y de que nos enseñe su carné de catalán independentista.  A sus 82 años, el coleccionista navarro está en plena forma. Canta en tres corales de Barcelona y en abril se ha apuntado a un viaje organizado a los fiordos de Noruega. “Ya he pagado 1000 euros y todavía no me he movido de Barcelona, aibá la ostia”, dice. El resto de los socios le observa con aire divertido, esperando a que calle de una vez. “Hoy ha venido para ver si vende alguna moneda y así se paga una parte del viaje a Noruega”, me confiesa Marc, antes de irnos.

jazz

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Kenny Barron en la sala Jamboree

Como me gusta el jazz, y perder dos horas de mi tiempo escuchando a un piano y a un contrabajo dialogar. Y encontrarme a un amigo de mi ex y darme cuenta de que le he olvidado, pero que sin él no hubiera descubierto nunca a Winston Marsallis ni me hubiera dormido viendo la mejor película de la historia en un cine del Village, en Nueva York. Y años después, seguir intentando en vano ver entera El tercer hombre sin quedarme roque en el sofá. Y desear perdidamente durante todo el día a un desconocido que no se peina.  Subirme en el tren de Maçanet y que un padre choni le haga cosquillas a su hija, y que un turista en chanclas y calcetines les mire con ternura. Su esposa bosteza, apoyada en la ventanilla, viendo pasar Badalona. Hoy cenaré un bikini. Mañana ellos comeran paellador en la playa de Calella.

Soy la hermana de un koala de Australia

ImageNo es fácil escribir la crítica de un concierto cuando la cantante de turno es tu hermana pequeña, esa enana con el pelo siempre despeinado que se ponía a cantar y bailar con el pijama puesto al oír salir de mi habitación las primeras notas de Laura Pausini. Marco se ha marchado para no volver, el tren de la mañana llega ya sin él…. Sí. Mi gusto musical tuvo momentos críticos, especialmente cuando me vi comprando con 16 años el disco de las Spice. Wannabe fue otro de nuestros hits. Incluso me inventé una coreografía, que María- inútilmente-intentó aprenderse. Lo suyo no era bailar, sino cantar. Se lo decían todos, mi padre, la profe de piano, la abuela. “Has de dar clases de canto”. Y ella que no. “Que no me da la gana”, replicaba María, ya entonces en la edad del pavo. Sus años de macarrilla adolescente del Maresme me llegaron a preocupar. Cambió los micrófonos imaginarios por el secador de pelo, un electrodoméstico que le despertaba fascinación. Podía estarse horas secándose y alisándose el cabello, actividad que a mi –convertida en una universitaria de pueblo sobradilla  porque acaba de descubrir los cines Verdi- me sacaba de quicio. Confieso que ver a mi hermana haciendo de pija loca me llevó a golpearla alguna vez  con el cepillo en el cabolo. No obstante, creo fueron esos cepillazos los que provocaron que soltara el secador. A los pocos meses, empezó a encerrarse en su cuarto para cantar sola y hacer pruebas de sonido con una guitarra y un micro, está vez, real. De allí dentro, rodeada de peluches y  mis viejos posters de la SuperPop, acabaron saliendo las canciones de su primer disco, Sin Técnica.

Desde entonces, María no ha parado de componer. “Haz lo que te de la gana”, dice una de las canciones de su último disco, Sueño Triangular. Es la conclusión a la que llega Maria después de 10 años tratando de decidir qué hacer. La sociedad espera que estudiemos una carrera, que encontremos un trabajo “de verdad”, que pasemos los fines de semana en la playa y salgamos a pasear si hace sol. ¿Y qué pasa si hace un día radiante pero me quiero quedar en pijama enganchada al ordenador? Si me apetece cenar judías blancas a las 12 de la noche? Si no me gusta ir a la universidad?

“La tiranía de los debería no me deja respirar

Lo que daría por poder parar un día y decir. ¿ Que más da?

HAZ LO QUE TE DE LA GANA!

Recuerdo que María me pidió ayuda con la letra cuando estaba componiendo esta canción. Parece lo más fácil de mundo. Una hermana que escribe, otra que compone. Pues no. Cuadrar las palabras con una melodía es complicado. No sé si llegó a utilizar algunas de mi sugerencias, pero me hizo ilusión echarle una mano. Igual que me hizo ilusión escucharle decir el pasado viernes en pleno concierto en el Apolo que otra de sus nuevas canciones, “Lejos de Pequín”, la compuso pensando en mi. Yo lo que quería era verte feliz, repite el estribillo, insistentemente, entre una desvarío de sonidos con reminiscencias chinas. Es cierto que mi regreso a Barcelona después de cuatro años en China fue un poco turbulento – la vida tiene eso de vez en cuando, que te obliga a tragar mucha mierda-  y mi hermana, al verme hundida, compuso una canción alegre y surrealista para animarme. Yo, por mi parte, también tomé medidas:  escribí una caca novela a modo de autoterapia y contraté a un gangster-psicólogo que después de robarme  600euros en sesiones llegó a la conclusión sabida por todos: “Andrea, deja de ser una niña”. Bah. Se llama síndrome de Peter Pan.

Pero ver a mi hermana en concierto me hace sentir adulta. La veo allí arriba, con sus pelos de Fragel Rock, encandilando al público con su voz dulce y ese temblor de labios que todavía delata nerviosismo, y comprendo que ya no somos unas niñas. El disco de María se inspira en sueños y pesadillas, que en realidad son los pensamientos, miedos e inseguridades que llevamos dentro.  “Soy tu gran rival, abrasado, juez  sin corazón, y

vengo a decirte que: esperaré una señal de debilidad, para

incendiar tu creatividad. No conseguirás anularme / ¡Cae lo que fuego fue!  

 

Lo admito. Sí, hay algo de orgullo genético, como escribió una vez un crítico de El País para referirse a los gritos de “guapa” que se oían entre el público en un concierto reciente de María. Mis amigos no paran de decirme que nos parecemos mucho: el mismo humor, los mismos gestos, la misma mirada.., “Y la misma madre”, añado. María se ocupa de aclararlo: “Esta canción se me ocurrió después de que me llamara un día mi madre por teléfono para qué estaba haciendo. ¿Cuándo encontrarás un trabajo normal, cómo los demás?”  El público rompe a reír. Y María canta “Mírate”: Mírate / a tu edad /sin saber que hacer /¿ Cuándo te pondrás a trabajar como los demás en algo normal?”

Cinco años mayor que ella y sigo preguntándome que quiero ser de mayor. Habré sido un mal ejemplo para María? María acaba respondiéndose a si misma:  “Yo soy un koala de Australia”., canta con voz sorna y cierto letargo. El público llora de risa y ella también rompe a reír. Me doy cuenta que soy la hermana mayor de un koala de Australia. ¿Y? María ya lo ha dicho antes: Sé tu misma. “Haz lo que té la gana”.

Os dejo con el videclip de mi canción favorita: Mirall

<p><a href=”http://vimeo.com/49874300″>Maria Rodés – Mirall</a> from <a href=”http://vimeo.com/nikitaroutchenko”>Nikita Routchenko</a> on <a href=”http://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Burekas y sudaneses en la calle Levinski

Hace cinco días que he regresado de Israel y hoy es el primero sin fiebre ni dolor de huesos. Celebrar el “shabat”  en un ático de lujo del centro de Tel Aviv con el aire acondicionado a toda castaña  tuvo la culpa de mi primer trancazo grave

africanos en Tel Aviv, cerca de la calle Levinsky

en dos años.  Para un ser débil como yo, acostumbrado a no salir de mi circuito habitación-cocina-sofá, tener el cuerpo a 37,2ºC es motivo de inestabilidad e incluso delirios mentales.  Quedé inutilizada para escribir mi último post, en el que quería hablar sobre la elevada presencia de africanos ilegales que hay en Tel Aviv. El  tema lo ha dado hoy el corresponsal en Israel de  La Vanguardia. Y si lo da la Biblia,  es que es importante, así que hago un esfuerzo y escribo lo que tenía pendiente.

En los barrios modestos del sur de Tel Aviv  se han instalado en los últimos años centenares de inmigrantes africanos, la mayoría de los países de la costa este,  como Sud Sudan, Eritrea o Etiopía. Algunos son refugiados políticos, otros escapan de la hambruna y la miseria de sus países. Llegan a Israel a través de la frontera con Egipto, después de semanas cruzando el desierto en condiciones extremas.  Al llegar a Israel son retenidos en campos de refugiados  custodiados por las autoridades hebreas, en medio del desierto del Sinaí. Muchos piden asilo como  “refugiados políticos”, por lo que el gobierno israelí no puede echarles, me explica un abogado y ex político del ministerio del Interior israelí.  Él y esposa, un matrimonio adorable, conocidos de mi padre, me llevaron a almorzar el sábado pasado  a un restaurante de moda de la calle Ben Yehuda, el Shila.

Mientras me zampo una lubina al horno acompañada de un rissotto de espárragos y una copa de vino de Canaan , me explican que el número de africanos ilegales se ha disparado y el gobierno israelí no sabe cómo frenarlo.

emigrantes africanos cerca de la antigua estación de autobuses, Tel Aviv

Oficialmente, el número de emigrantes africanos es de 60.558, pero se cree que la cifra alcanza los 90.000, informa el corresponsal de La Vanguardia.  Israel ha endurecido las medidas para evitar la entrada de refugiados, negando permisos de asilo y poniendo en marcha una política de incentivación a la “deportación”: ofreciendo dinero y comida a los que acepten volver a su país. ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, ,ha denunciado que de las 4.603 nuevas solicitudes de asilo recibidas a lo largo de este año, Israel ha rechazado 3.692 Hay más de 6.412 casos pendientes de resolución. Las ongs denuncian las condiciones de los refugiados en los campos de detención en el desierto del Neguev.

El aumento de la delincuencia en los barrios donde residen los africanos ilegales es lo que más preocupa en estos momentos a los ciudadanos de Tel Aviv.  El matrimonio se queda  alucinado cuando les explico que el día anterior estuve paseando sola  sin miedo por las callejuelas cercanas a la Antigua Estación de autobuses, corazón de “Little Africa”, donde viven la mayoría de emigrantes, desde africanos ilegales a cuidadores de abuelos filipinos, prostitutas rusas y trabajadores de la construcción árabes.

“¿Y no has tenido miedo?”, me preguntan. Les digo que no. En “Little Africa” todo me pareció muy tranquilo, Es cierto que se trata de barriadas humildes en comparación al resto de Tel Aviv. Pero está lejos de ser un “slum” de Bombay, una favela de Río o incuso un barrio pobre de Chicago,  Los Angeles. Me imagino que pasaría si dejase al matrimonio paseando solos por el Raval o Poble Sec de Barcelona. Se morirían de miedo. Es lo que tiene vivir aislado en esta burbuja ficticia llamada Tel Aviv.  De hecho, lo que tendría que preocuparles es el auge de lasa agresiones racistas contra los africanos por parte de grupos xenófobos israelís, como ha sucedido esta semana. http://www.haaretz.com/opinion/israelis-must-shun-racism-not-african-migrants-1.432591

Después de un agradable paseo por la calle Levinski, una de las arterias más animadas de “Little Africa” de Tel Aviv, mi conclusión es que de momento parecen incidentes puntuales. El  viernes por la mañana es  día de mercado en Levinski.  El olor a especias y pan recién cocido invade cada rincón del barrio, donde conviven africanos, israelís alternativos, filipinos  y comerciantes ortodoxos de clase humilde.  En los bajos de los edificios en mal estado se alternan las lavanderías para inmigrantes, peluquerías donde las mujeres negras se trenzan el pelo, colmados árabes que ofrecen baklawas y frutos secos y cafés bohemios para que los pijos se tomen una limonada cono menta antes de regresar en bici a casa.

puesto de burekas en la calle Levinski, Tel Aviv

En la calle Levinski he descubierto lo que son las burekas, una pasta de hojaldre rellena, típica de los emigrantes judíos de los Balkanes.Mientras me como una rellena de espinacas y queso fresco, se me ha cruzado un tipo en bañador y hawaiannas, y una metralleta colgando a la espalda.  ¿Un agente de seguridad camuflado?    No me ha quedado claro. Al menos no ha disparado. Entre tanto inmigrante y bazar todo a cien, busco algún chino. “En Israel no hay chinos”, me han dicho ya centenares de veces. Es la primera ciudad del mundo en la que estoy donde no hay chinos.

barrio humilde para emigrantes, en el sur de Tel Aviv
ortodoxo frente a un escaparate de bicis en la calle Levinski, Tel Aviv

ATASCO EN EL WATER (O: CÓMO LA CACA DEL VECINO LLEGÓ A FLOTAR EN EL LAVABO DE MI NUEVA CASA)

Un amigo me acaba de contar que se le ha estropeado el calentador de agua en su piso de Gracia. Le he dicho que tenga cuidado. Partiendo de mi experiencia, los electrodomésticos y demás ingeniería doméstica tienden a adoptar el estado de ánimo de los propietarios de su vivienda.  En Pekín, mi WC decidió tomar vida propia en dos ocasiones en que mi estado emocional sufría considerables altibajos. El baño se desfogó por mi.  Os dejo con un “revival” de lo sucedido, recuperado de mi antiguo blog. (el incidente logró hacerme subir de nivel en la escala aristocrática y ser nombrada “princesa de la caca”). De paso, colgaré una foto de la bonita vista que disfrutaba desde  mi apartamento en  XinZhong jie.   Beijing, todavía te echo de menos.

vista desde mi antiguo apartamento en Xinzhong jie (Beijing). Lo que veo hoy desde mi ventana en Barcelona es bastante más bonito, pero aquí el baño no se revela. Es la normalidad

ATASCO EN EL WATER

 (O: CÓMO LA CACA DEL VECINO LLEGÓ A FLOTAR EN EL LAVABO DE MI NUEVA CASA)
Hoy ha sido un día histórico, memorable, de aquellos que te hacen entender que las diferencias en el desarrollo de los países marcan el día a día de las personas. Hoy se ha atascado la tubería del lavabo en mi nuevo apartamento pekinés. Hace dos semanas me mudé a un bloque de apartamentos más céntrico que el anterior, junto a la estación de metro Donsishitiao y el teatro PolyPlaza. Se llama Sun City y tiene cuatro bloques. Mi amigo Mario me advirtió de que el mío fue construido un poco después para las familias desalojadas de los hutongs del centro y que era de peor calidad. No le creí hasta hoy.
Este mediodía, muerta de sueño por culpa del jet lag – que me ha hecho dormir hasta las 12 del mediodía como un tronco – me he metido por segunda vez en la ducha. La primera fue hace una semana y nada malo ocurrió. Pero hoy, al salir de la ducha (una de esas prefabricadas con chorro masajes, un capricho de mi landlord chino), he notado algo extraño. Mis pies chaopoteaban. Apenas veía nada, sin gafas ni lentillas, pero podía ver que el color de la toalla de los pies era un poco más oscuro de lo habitual. Empapada. Cuando me he puesto las gafas casi me da un infarto. Resiguiendo con la vista hasta donde llegaba el agua, he acabado en la sala de estar. El charco se detenía justo enfrente del televisor gracias a una pequeña alfombra. Y yo descalza. “Podría haberme electrocutaaaaaaaaaaadooooooooooooooooo”, he pensado, cabreada. No tenía mocho, ni escoba, ni nada de nada, así que he escurrido el agua con las alfombrillas como he podido las y me he largado al Wu Mart (imitación china del super americano Wal Mart) a comprar el equipo de limpieza.
Al volver, he llamado al chico del management, un chino de unos 18 años, que ha subido armado con un desatascador de goma y un tornavís. “Mei wenti”, (no hay problemas), me ha dicho, después de echarle un vistazo de un minuto y medio al desguace asqueroso (en china los desguaces siempre son asquerosos, un mero tubo de plástico enganchado como pueden al agujero en el suelo, suben los olores apestosos en d¡ías de viento).
No me he fiado un pelo del chavalín y he puesto una lavadora – la primera desde que estoy aquí – para comprobar que pasaba. ERROR. .GRAVE ERROR. SEGUNDA INUNDACIÓN DEL DÍA.
He vuelto a llamar al management. Esta vez han subido dos chavalines que, cuando han visto el agua, me han dicho: “has tirado el papel de Wc al lavabo?”… Pues sí. Alguna vez sí, jolines, pero sólo llevo dos días en este piso, es imposible que ya se haya atascadooooo. Pues no sé que ha pasado. Pero en tres minutos tenía a los tíos desmontándome el lavabo y la caca del vecino (prefiero pensar que no era la mía) flotando por el suelo. Estoy asqueada, mareada por el calor y la visión hiorripilante de ese líquido marroncillo cubriendo la superfície blanca de mi WC…
Y cuanta agua… ha venido una china con un aspirador especial para agua y ha hecho lo que ha podido para llevársela de ahí. Pero cuando se han ido, mi lavabo, mi nueva casita, eran lo más parecido a un campo de batalla. Viva la calidad de la construcción en China. Esta noche me tomaré tres gintonics y brindaré para que el desarrollo de Occidente llegue por fin al gigante asiático. A la mierda la democracia en China. Que empiecen primero por construir cañerías y desguaces para que la mierda se vaya como dios manda ….A.

“Vivim en un món marcat per la immediatesa, i el surf requereix paciència”

Esteve Rosés (Barcelona, 1953) encara recorda la cara de sorpresa amb que el miraven alguns veïns de Sitges el dia que va aparèixer per la platja amb un banyador ample, arrossegant una planxa de surf.  Era  cap a finals dels 60 i llavors “gairebé ningú havia vist abans una planxa”, recorda Rosés assegut en una cafeteria d’Enric Granados, on hem quedat per prendre un te. Rosés té uns ulls blaus verdosos que il·luminen el seu rostre bru, castigat pel Sol i la sal.  Porta fent surf des de que és un nen i els aficionats el consideren un dels precursors d’aquest esport al nostre país. El primer que em va parlar de Rosés és  Dídac Piquer, fabricant de rèpliques de planxes de surf dels anys 60 (Montjuich Boards) i coautor del llibre Summer Fun, la primera referència bibliogràfica en castellà sobre l’evolució del gènere musical conegut com a “Surf Music”.

Esteve Rosés i Didac Piquer a Guéthary (http://moodsofthebay.blogspot.com/2008/05/this-past-week-in-bay-little-waves-fun.html)

“Vaig començar a surfejar per casualitat”, reconeix Esteve tastant el te “Himalaya” que tots dos hem demanat. Fa una ganyota. És amarg. Tot el contrari que Rosés, un home de parlar suau, i amb un lleuger accent francès, resultat de les llargues estades al País Basc francès.   Ja de ben petit, els seus pares l’enviaven a passar els estius a la casa d’uns tiets nord-americans a Guéthary, molt aprop de Biarritz. Entre el 1958-59, aquesta regió es va convertir en la porta d’entrada del surf a Europa, gràcies a l’arribada de nombrosos nord-americans. Entre ells estava Peter Viertel, un conegut guionista de Hollywood  (La Reina d’Àfrica), casat amb l’actriu Deborah Kerr. Viertel,  amic del seu tiet, va iniciar Rosés en el surf.    “Amb set anys ja estava dins l’aigua amb una planxa”,  explica el surfista veterà. Encara avui guarda una gran admiració per Viertel,  “un home d’una força física i mental formidable”, afegeix Rosés. Jueu d’origen alemany, Viertel va lluitar contra els nazis en les forces d’assalt de l’exèrcit dels EEUU.  “Vaig tenir un mestre de luxe”, insisteix Rosés.

Al País Basc, la temporada de bones onades comença entre finals de setembre i principis d’octubre, “just quan tocava tornar a Barcelona per anar a  l’escola”, diu l’Esteve, recordant la ràbia que li feia marxar de Guéthary al acabar l’estiu. Un dia va decidir que s’emportaria una planxa i provaria de surfejar a Sitges, d’on prové la seva família. Era l’any 1968 i tenia 15 anys quan l’Esteve va aparèixer per la platja amb la seva  longboard , una planxa d’espuma de poliuretà,  llarga i gruixuda. Pesava uns 25 kilos. “L’havíem d’agafar entre dos”, explica Esteve. Quan recorda anècotes li brillen els ulls.

Avui  en dia les planxes són molt més lleugeres, tot i que el material i la tècnica de fabricació no han variat gaire.  Didac Piquer segueix fabricant a mà en el seu taller de Premià de Dalt rèpliques autèntiques de planxes de surf dels anys 60, respectant el mateix disseny i tècnica. El fet de que siguin més lleugeres ha permès introduir un detall tan simple com el cordill que permet lligar-te-la turmell i no perdre-la a cada onada. “Abans et passaves gairebé tot el dia nedant per anar a  buscar la planxa”, recorda Esteve. Tampoc existia el neoprè. “Era un esport molt més dur que ara”, conclou aquest veterà del surf.

Rosés i els primers surfistes de Sitges no només eren “bitxos raros” per la seva afició, sinó per les pintes que feien: banyadors estil shorts, xancletes, samarreta ampla de cotó. Aquestes són les tres grans incorporacions de la cultura surf a l’Espanya dels 60, segons Rosés. “A San Sebastian o Santander encara ens miraven pitjor. Al Nord  eren més conservadors, i això que a Biarritz està al costat i allà la cultura surf ja estava més estesa”, diu Rosés. Llavors l’home trenca  i m’explica que una vegada que no el van deixar entrar al Club de Natació de Barcelona perquè li deien que el que portava posat eren uns pantalons curts i no un banyador.

A finals dels 70 el surf va anar guanyant popularitat, juntament amb el windsurf. Rosés es va instal·lar a la Barceloneta i va obrir una botiga de fundes de planxes de windsurf. Durant les  les hores lliures anava a surfejar. A la Barceloneta es va crear una primera comunitat d’aficionats , com el “grupet de Calafell”.

portada de la revista Surf Time, fundada i dirigida per Esteve Rosés
última portada de la revista Surf Time, fundada i dirigida per Esteve Rosés. Va durar gairebé 10 anys i va comptar amb col.laboradors com l'escriptor Willy Uribe

Més endavant, Rosés va marxar una temporada a París com a professor de llengües, fins que va decidir instal·lar-se a San Sebastian, al País Basc. Li van oferir ser el responsable de la marca de roba  surfera Rip Curl per al mercat espanyol, i va acceptar. La feina li permeté obrir moltes portes en la indústria del surf, però “de seguida em vaig afartar del treball d’oficina i de fer cua al bancs”, reconeix Rosés.

En aquell moment li sorgí  l’oportunitat de ser el  director executiu per Europa dela A.S.P (Association of Surfing Professionals), l’equivalent ala ATPen el tenis. “Vaig tenir molta sort, perquè vaig poder participar en la consolidació del surf a Europa”, diu Rosés, recordant una etapa en la que va viatjar molt i va conèixer molta gent. “Organitzava campionats, coordinava jutges, preparàvem calendaris… es tractava de fomentar el surf per tot Europa”, explica Rosés., orgullós del que va aconseguir. ” Avui en dia hi ha surfistes de tot arreu i per tot arreu:  alemanys,  russos, txecs, Israelians, catalans…  “, assenyala Rosés. La millor àrea d’Europa  per surfejar és la franja que s’estén entre Anglaterra i les Canàries, segons el surfer català. Biarritz, no obstant,  segueix sent el cor del surf europeu.

“El surf s’ha democratitzat”, diu Rosés. I això li agrada. “Als seixanta i setanta érem una minoria, ens creiem una elit, però ara pot surfejar tothom”. Per què? Doncs perquè l’eclosió del surf va anar molt lligada a l’esperit hippie i  “contracultural” de l’època, i ara aquest esperit de rebeldia s’ha perdut.  “Molts surfistes nord-americans que arribaven a Biarritz eren dessertors de la guerra de Vietnam”, recorda Rosés.

L’Esteve també creu que el surf està perdent   l’autenticitat del contacte directe amb la Naturalesa.“Abans estaves constantment pendent del mar, de la onada, i ara estas més pendent del part metereòlogic a Internet”.  “Vivim en la societat de la immediatesa i el surf, com tots els esports relacionats amb la naturalesa, requereix paciència”, conclou Rosés acabant-se el te.

En quatre dies se’n torna cap a Guethary, on viuen els seus dos fills. Si hagues de triar el millor lloc del món per surfejar  escolliria les Canàries: bon clima, bones onades, no hi ha bitxos. Però  com diria el Candide, de Voltaire- recorda Rosés- “és a casa on està millor.  Guéthary és la meva platja”.

“las ideas de los materiales muchas veces son mejores que nuestras propias ideas”

Theo Jansen en Barcelona

Se dice que la gente que viaja o que ha vivido un tiempo fuera de su país  es más abierta de mente, más tolerante, tiene menos prejuicios y bla, bla, bla. Mi experiencia me dice que esto es falso. Durante los ocho años que residí fuera de Barcelona(los últimos cuatro, en Pekín) , tropecé con gente de todo tipo: garrulos, simpáticos, racistas, pseudo-colonialistas, amantes de los idiomas, inadaptados, quejicas, creativos o aburridos. Conclusión: si sales de tu país con una mente cerrada, probablemente no cambies, o te vuelvas peor. “Hay gente que no debería haber salido nunca de su pueblo”, escribió Orwell en Burmese Days. Lo que no quiere decir que los que no han salido nunca de su pueblo sean cerrados. Supongo que la educación que recibimos de nuestros padres, el entorno en que crecemos, nos marcan mucho más que la suma de experiencias en el extranjero.

Todo este rollo lo suelto para decir que, de hecho, algunas de las personas más creativas, curiosas y abiertas de mente que conozco han salido pocas veces de su barrio. Hablo sobretodo de artistas, gente sensible, y por lo general de espíritu abierto, capaces de expresar su visión del mundo de una forma especial.  El ejemplo más evidente lo tuve hace un par de días, escuchando al artista Theo Jansen en una conferencia celebrada en el Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC). Quizás su nombre os deje indiferentes. Pero estoy segura de que recordaréis la campaña de publicidad de BMW  en la que aparecían sus esculturas gigantes hechas con tubos, que se desplazan solas por la playa…

Una vez has visto una de sus creaciones (él las llama “strandbeest”, bestias de la playa)  es difícil olvidarlas. Las estructuras están  hechas con unos tubos de plástico de color amarillento que en Holanda se utilizan para cubrir los cables de la electricidad. Jansen, un hombre alto y apuesto, con una melena blanca  que le cae por encima del hombro que le da cierto aspecto de druida, nos explicó que lleva viendo estos tubos desde que era un crío. También lleva residiendo toda su vida en la playa salvaje del Mar del Norte que aparece en el spot de BMW.

La idea de crear estas esculturas era crear un mecanismo natural para proteger la costa holandesa de desaparecer bajo el mar. Sus strandbeest se desplazan por la arena gracias al  viento, y algunas son capaces de modificar el terreno, haciendo diques naturales.

Sinceramente, no entendí casi nada sobre la tecnología inventada por Jansen para lograr que sus bestias se desplacen solas. Habló de números mágicos, de selección y reproducción por ordenador para proyectar las piernas y músculos de cada una de sus bestias, que él bautiza con nombres diferentes. Miré a mi alrededor: un centenar de arquitectos gafapastas catalanes y estudiantes extranjeros del IAAC  escuchando a Jensen boquiabiertos. Ellos sí parecían entenderle mejor. Pero daba igual. Jensen, con su aspecto de encantador, de profesor loco, nos encandiló a todos. Nos hizo reír desde el principio, cuando nos hizo una  demostración práctica de lo que hacía con los tubos de plástico cuando era  un niño. Jensen enroscó un papel en forma de pergamino, lo chupó bien por el extremo, sopló fuerte por el tubo y el cohete de papel salió disparado por la ventana.

Jansen, a sus 62 años, sigue siendo el mismo niño travieso y mal estudiante que él dice que fue. No acabó nunca la carrera de Físicas y regresó a su aldea costera del mar del Norte para volcarse en sus creaciones.  Hoy, este hombre ligado a su tierra natal, se ha convertido en una estrella del panorama artístico internacional. Sus “strandbeest” están consideradas trabajos brillantes en el campo del  arte cinético, o “arte en movimiento”. Su filosofía de creación es rompedora, tiene miles de admiradores en todo el mundo. En Japón y Estados Unidos, hay  estudiantes de arquitectura y creadores de todo tipo intentando imitar o mejorar sus estructuras vivientes.

¿Podemos conseguir que anden en círculo? ¿qué hablen? ¿que se metan en el mar? Jensen animó al público del IAAC a seguir investigando. A él “sólo” le quedan 20 años por delante.

“Experimentad con  los materiales, no dictéis al material lo que debe hacer”, aconsejó Jansen a los presentes. Para él, los tubos de plástico son las “proteínas”, componentes esenciales para la vida de un organismo.

Es difícil olvidarse de  sus standbeest . Es asombroso que un mecanismo artificial sea capaz de andar sólo, sin energía artificial de ningún tipo. Verlos desplazarse por la arena puede recordar a un batallón en marcha o al esqueleto de un dinosaurio que se ha escapado del Museo. Cada uno es libre de interpretarlos como quiera. Eso sí, son animales “domesticados”, porqué no “van a ninguna parte sin él”, bromea Jensen.

Un estudiante de origen asiático con gafas de pasta,  gorro de lana y bambas con lentejuelas , le pregunta al maestro si ha establecido algún tipo de relación emocional con su rebaño de strandbeest. A Jansen se le escapa la risa. “Tengo una relación estrecha con mis animales, pero no es el mismo sentimiento que tengo hacia mis hijos, o mi perro… no es amor; más bien es una relación de interés”, contesta Theo, divertido. Las tiene en la playa, cerca de su casa, porque no podrían estar en otro lugar. “Yo nací y me crié en esta playa. Es un escenario que ha estado presente en mi imaginación toda mi vida. Y es allí donde quiero criar a mis animales”.

ilustración de Juanjo Sáez para el diario ARA

Otro artista que conocí hace poco y cuya obra está estrechamente vinculada a su barrio,  su ciudad, su casa… es el dibujante e ilustrador Juanjo Sáez. No le conozco mucho, pero me dio la impresión de que de haberse criado enLa Sagrera, un barrio obrero de Barcelona, ha marcado claramente su obra. Sáez, que ya le queda poco para los 40, reconoce que no ha viajdo mucho. Tampoco habla idiomas. Pero es un tipo curioso, tolerante, creativo y de mente abierta. Sus cómics y ilustraciones para distintos periódicos respiran autocritica e ironía. Sáez es capaz  de captar la esencia de la sociedad global  sin necesidad de haber vivido o viajado por medio mundo. Juanjo, igual que Jansen,  asegura que fue un estudiante mediocre en la escuela y sigue residiendo enLa Sagrera.

La clave está en la actitud. “Cada mañana me levanto con una idea y me voy al estudio, feliz, en mi bicicleta. Me paso el día entero y veo que la  idea no me sale. Al día siguiente, vuelvo con otra idea, y así cada día…”, dice JAnsen. “Lo que planifico nunca consiguo que tenga éxito, todo lo que he creado ha sido fruto de observar el  universo de posibilidades de los materiales”, añade Jansen. “No dictes al material lo que tiene que hacer, no esperes que te obedezca. “Porque las ideas de los materiales muchas veces son mejores que nuestras propias ideas”, concluye JAnsen.