Insomnio en Alabama

La primavera nunca ha sido mi mejor amiga. Durante muchos años, la odié porque tenía alergia y me ponía enferma de tanto moco. De mayor, he conseguido reducir el colapso nasal a un moquillo  que gotea cuando le da la gana – en medio de una boda, cocinando una tortilla, cuando bebo una copa de vino con un tío que me gusta- tipicos momentos en que no puedes limpiartelo con la manga del jersey-  a cambio de  sufrir insomnio. Será la luz del sol por la mañana, el polen, las hormonas, pero en peimavera soy un búho que no necesita dormir.   El domingo pasado me desperté tan temprano que salí a correr sin desayunar,algo que mi organismo come-bayas no suele agradecer. Con el estómago vacío, fui brincando cuesta abajo hacia la playa, la brisa matutina desperezando las copas de los pinos, el mar azul de fondo, los ciclistas en mallas adelantando a los jardineros africanos pedaleando sobre sus bicis oxidadas. Los jardines de las mansiones del Maresme no serían lo mismo sin ellos. En Cabrera está Mori, un chaval encantador de Cote d’Ivoire que ha conseguido que resuciten mis rosas del Ikea. “Ça va avec le cesped?” , Me.preguntó el viernes por la noche por whatsapp. Debe tener unos treinta y pocos. SU mujer y sus cuatro hijos viven en Cote d’Ivoire, donde hace poco fue de visita. No eran unas vacaciones normales para estar con la familia. Nos dijo que no volvería a Barcelona hasta que su mujer no se quedara preñada del quinto. Después de tres meses y medio, lo consiguió.

Hace dos domingos, mi insomnio matutino me llevó a pasear por Montroig del Camp a las 8 de la mañana. A los pies de la serra de Llaberia, rodeado de campos de almendros y olivos, este pueblo donde vivió Miró podría ser la estampa típica de la Catalunya independent que quieren Puigdemont y sus colegas nacionalistas. Igual no quieren ver la realidad, que por las calles silenciosas de Montroig los escasos transeúntes son marroquís y latinoamericanos, y que en el frankfurt de la.plaza la especialidad que te ofrece una simpática camarera rumana es el pulpo a la gallega. 

 La noche anterior,  Montroig celebraba la elección de la pubilla del poble en el pabellón de deportes: vestidos rosa pastel con lentejuelas, sandalias de tacón del chino, rubias de bote bebiendo birra de lata en sillas de plástico.   Si no hubiera sido por la banda con las cuatro barras que las pubillas llevaban cruzada en el pecho, hubiera dicho que estaba en Alabama. 

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“Es una pena que no se conozca mejor la cultura israelí”

Nitzan Gilady en el festival Medimed, Sitges, 2011 copyright: MEDIMED

Entrevista a Nitzan Gilady, director de cine

Israelí y homosexual. Al director de cine Nitzan Gilady (Beer Sheva, 1970)  le resulta difícil desprenderse de estas dos etiquetas, tanto en su vida artística como personal. Hace un par de semanas, Gilady viajó a Barcelona para presentar su película más famosa, “Jerusalem is proud to present” (2006) , un documental sobre la batalla por  celebrar el “Día Mundial del Orgullo Gay” en la capital sagrada de Israel. La peli, galardonada con diversos premios internacionales, refleja al detalle la división existente en la sociedad israelí. Especialmente en Jerusalén,  hogar de los principales  líderes religiosos  y de la población más conservadora del país.   Por primera vez en mucho tiempo, los dirigentes ortodoxos judíos, musulmanes y cristianos de Jersualem se pusieron de acuerdo en algo: impedir a toda costa la celebración de un evento que , según ellos, “profanaba la ciudad santa”.

Los impulsores de llevar el Día del Orgullo Gay a Jerusalén  fueron los miembros de La Casa Abierta (Jerusalem Open house) , un colectivo  local de LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Gilady refleja al detalle la  ilusión de los organizadores y los momentos de tensión  durante los enfrentamientos contra la comunidad ortodoxa judía.  La polémica celebración del Día del Orgullo Gay llegó a convertirse en un tema de debate en el Parlamento. Los políticos más conservadores lanzaron campañas de difamación contra los LGBT y algunos miembros de la Casa Abierta llegaron a recibir  amenazas de muerte.  Pocas semanas antes del evento, los rabinos del barrio ortodoxo de  Me’a Shearim convocaron a la comunidad para salir a a la calle y protestar de forma violenta contra la celebración del día del Orgullo Gay. En el filme hay imágenes impactantes de  jóvenes  ortodoxos con los tradicionales rulos, barba larga y sombrero de copa lanzando piedras, quemando neumáticos  y enfrentándose a la policía.  La revuelta violenta acabó con numerosos detenidos.

Por “motivos de seguridad”, los organizadores se vieron forzados a cambiar dos veces la fecha prevista del evento, al coincidir con momentos de tensión en la región. El documental insinúa que las noticias bélicas fueron manipuladas por las autoridades para convencer al colectivo de la Casa Abierta a llevar a  cabo un Día del orgullo Gay más discreto, en lugar de un desfile por todo lo alto.  Al final, la celebración se limitó a un evento dentro de un pabellón deportivo y fue mucho menos visible de lo que los organizadores hubieran querido.

“Celebrar el día del orgullo gay en Jersualén era muy significativo, porqué allí todavía existe un enrome rechazo hacia los homosexuales”, comenta Gilady después de la proyección, que tuvo lugar en el auditorio de la Illa Diagonal, en el marco de las actividades organizadas entre la Embajada de Israel y el Ayuntamiento de Barcelona.

Gilady vive en Tel Aviv, como la mayor parte de la comunidad homosexual israelí. Tel Aviv es una ciudad moderna, cosmopolita, cosmopolita, “incluso más abierta  que otras ciudades europeas”, opina Gilady, encendiendo un cigarrillo a la salida del auditorio.  Joven, apuesto, de tez morena y con unos ojos grandes y oscuros,  que lo observan todo con mirada inquieta,  Gilady tiene la apariencia de un tipo  cool, la del actor guapo  que lo consigue todo sin esfuerzo. Sin embargo, Gilady es un realizador autodidacta, reflexivo y crítico con la sociedad de su país. “Es una pena que aquí [en Europa] no se conozca mejor la realidad y la cultura  israelí. En  estos momentos hay muchos artistas  con ideas interesantes. El país está cambiando”,  explica el realizador, poniendo como ejemplo las recientes protestas juveniles en contra del gobierno de Netanyahu. Igual que en Barcelona o Madrid, los “indignados” de Israel han salido a la calle para manifestarse contra las crecientes  desigualdades sociales y la falta de oportunidades para los jóvenes. (aquí interesante artículo de Henrique Cymernan sobre el tema).

Para hablar de la nueva generación de artistas israelís, Gilady menciona al escritor Edgar Keret, de 44 años, autor de libros de relatos cortos como Pizzería Kamikaze (Ed. Siruela). Son historietas protagonizadas por jóvenes que ironizan sobre las paradojas y contradicciones que se viven en su país. A mi me encantó.   “Dos días después de suicidarme he encontrado trabajo en una pizzería que se llama Kamikaze y que forma parte de una cadena. El encargado de los turnos se ha portado muy bien conmigo”…)

En una entrevista reciente al Magazine de La Vanguardia, Keret se definía a si mismo como “un hombre de izquierdas y liberal. Tengo un padre derechista, una esposa pacifista, un hermano anarquista y radical que abandonó Israel y una hermana colona con 11 hijos que cree en una teocracia. Todos discutimos y nos queremos”.

Gilady le ocurre un poco lo mismo que a Keret:    es el hijo “rebelde”  de una familia  judía conservadora que que emigró de Yemen a Israel poco antes de nacer él.  Los conflictos ideológicos con su su padre y sus dos hermanos le sirvieron de inspiración para  su última producción: “Out of Yemen“, que el realizador acaba de presentar en el festival de documentales  Medimed, en Sitges. “Ha sido una ocasión fantástica para poner en común los proyectos  de los directores del Mediterráneo”, explica Gilady, satisfecho de haber participado en el certamen.

Out of Yemen es un relato de un viaje excepcional que decide emprender una familia israelo-yemení al Gran Cañón del Colorado, con la intención de reflejar las diferencias de pensar entre los padres y sus hijos.  El peso de las tradiciones yemenís, el conservadurismo religioso de su padre ….  “¡pero incluso entre hermanos somos tan distintos!”, bromea Gilady en referencia a su caso. Quizás él , al ser gay, es quién lo ha tenido más difícil.  “He visto que en muchos sitios de Europa también es difícil que tus padres te acepten como homosexual”, añade Gilady.  Lo importante es seguir luchando contra todo tipo de discriminación, insiste, tocándose nervioso el pendiente.  Es su última noche en Barcelona. Antes de que se vaya a cenar, le pregunto por el  bar Shushan, el único lugar de encuentro para LGBT de Jerusalén, al menos en el momento que realizó su documental. Me responde que, lamentablemente, lo han cerrado. Las noches locas en el  Shushan reunían para bailar y cantar a  homosexuales y travestidos  de las tres religiones, judíos, cristianos y musulmanes. “Si la vida real  fuese como una  noche en el Shushan, Jerusalén sería mucho mejor”.

“En Egipto y en Túnez se han derrocado dictadores, pero los regímenes todavía permanecen”

Esta semana ha pasado por Barcelona  Tariq Ramadan, un reconocido filósofo y teólogo musulmán nacido en Suiza, de origen egipcio. El abuelo de Ramadan  fue el fundador de los Hermanos Musulmanes, una organización política bastante extendida en los países árabes, que cree que el Corán debe regir la forma de gobernar y la vida diaria de la sociedad musulmana. Ramadan, en cambio,  es definido como un “intelectual reformista musulmán” , porque a lo largo de su carrera ha abogado por la necesidad de instaurar gobiernos laicos y democráticos en el mundo árabe.

El pensador musulmán Tariq Ramadan y Agustin Paniker, de Kairós editorial

“Uno de los  prejuicios de Occidente es creer que el Islam no es compatible con la democracia” , dijo Ramadan durante una conferencia celebrada el pasado martes en Casa Asia en motivo de la presentación de su último libro , Mi visión del Islam occidental (Kairós, 2011).   Según Agustin Paniker, el editor de la versión en español, el texto es un ejercicio de autocrítica dirigida tanto a los  emigrantes musulmanes como a los europeos de “pura cepa”, con el fin de que reflexionen sobre los prejuicios sociales que todavía pesan  sobre unos y otros.

Durante su visita a Barcelona, Ramadan también aprovechó para opinar sobre las  revueltas políticas que están agitando el mundo árabe. Según el intelectual musulmán, éstas deben ser apoyadas por Occidente “porque proceden del pueblo, no han sido manipuladas por líderes islamistas,  y tienen como objetivo la libertad, la democracia y la dignidad”.

Sin embargo, Ramadan (que aparte de ser un orador excelente y disponer de un gran sentido del humor, es también un hombre muy atractivo), alertó de que el proceso de cambio en estos países todavía está lejos de terminar. “En Egipto y en Túnez  se han derrocado dictadores, pero los regímenes todavía  permanecen”, dijo Ramadan frente a un público en el que destacaba la numerosa presencia de jóvenes catalanes de origen magrebí. La democratización del mundo árabe será larga, “pero si de algo me he dado cuenta durante estos años es que con determinación y perseverancia todo es posible”, concluyó Ramadan.

Profesor en la Facultad  de Estudios Orientales de la Universidad de Oxford,  Ramadan ha dedicado gran parte de su carrera a reflexionar sobre los motivos que  han hecho fracasar la integración de los musulmanes en Europa y Occidente. “Hay que acabar con los prejuicios sobre “el Otro”. Simplemente, la idea del “Otro” tampoco debe existir,  defiende el reputado intelectual musulmán.

¿Por qué en Europa los descendientes de inmigrantes musulmanes, aunque sean de tercera o cuarta generación, siguen siendo calificados por su “origen inmigrante” en lugar de ser vistos simplemente como un “francés, un español o un inglés”?, reflexiona Ramadan.

A lo largo de la conferencia, el filósofo alertó del auge del populismo en Europa, especialmente en época de crisis, donde algunos partidos políticos son los  responsables de haber puesto en la cabeza de la gente la idea de que el Islam es  “un problema”. “Han logrado transformar en  una cuestión religiosa problemas económicos y de injusticia social, como la pobreza y la discriminación de los inmigrantes magrebís”,  observa Ramadan.

Para salvar las distancias entre occidentales e inmigrantes musulmanes, Ramadan también presiona a estos últimos para que autoreflexionen sobre sus prejuicios de identidad. Algunos de mis amigos musulmanes en Suiza no están de acuerdo conmigo cuando digo que yo soy un musulmán europeo, y no un musulmán en Europa”, dice Ramadan, para quién no es contradictorio definirse ambas cosas. Uno de los objetivos de Ramadan es defender la formación de sociedades plurales, en las que haya cabida para diferentes identidades; sociedades donde se valoren las diferencias individuales y se fomenten los valores comunes entre el Islam y Occidente, como el respeto por la tolerancia y la dignidad. La globalización ha creado una crisis de identidad. Pero no debe ser un problema definirse a la vez “musulmán, catalán y europeo”, reflexiona Ramadan.

No obstante, “me he dado cuenta de que yo no hablo por todos los musulmanes. Existen numerosas interpretaciones del Islam, y algunos son más tradicionalistas, igual que en el Cristianismo”, dice Ramadan, lamentando que sea la minoría formada por islamistas radicales los que concentran la mayor atención mediática.

Según Ramadan, la comunidad musulmana tiene tres prioridades para poder integrarse en Occidente: la educación, la creación de empleo y  la mejora de la comunicación con la población local.

http://www.newyorker.com/online/blogs/georgepacker/2010/04/an-evening-with-ramadan.html

http://www.nytimes.com/2007/02/04/magazine/04ramadan.t.html