Please don’t go

“A lo largo de mi corta y triste vida he tenido pocos novios y el diario de mi Primera Comunión es un buen lugar para entender por qué. Fui una adolescente más bien gordita y sin tetas, lo que debió traumatizarme de algún modo, pero eso no quiere decir que no me gustase salir. Los sábados por la tarde, con quince años, me iba al Nivell 1, una discoteca pija en el centro de Mataró. Bueno, yo creía que era “pija” hasta el día que una amiga de Barcelona me invitó a ir con ella a Jimmys, la discoteca que entonces estaba de moda en la capital. Ya solo en la cola para entrar me sentí totalmente de pueblo por no llevar camisa Ralph Lauren de rayitas rosas y hablar en castellano con acento catalán.
A Jimmys solo fui una vez. La verdad, me gustaba mucho más Nivell 1. Era cómodo. Al salir, mi madre me estaba esperando en el coche delante de la puerta y me dejaba en casa. Al llegar me ponía el pijama y la bata y , con el pelo aún apestando a tabaco, me preparaba un bikini de jamón y queso, que me comía en la mesa de la cocina mientras leía La Vanguardia. Los sábados solía venir llena de suplementos de fin de semana, que me los reservaba para leerlos en la cama, algo que hoy ya no consigo hacer sin quedarme dormida.
En mi diario aparecen pocos chicos. Los únicos que aparecen de forma constante antes de cumplir los dieciséis eran unos gemelos llamados Dani y Jandro, tres o cuatro años más mayores que yo, que jugaban en el equipo de baloncesto de mi pueblo. Me gustaban los dos por igual y me ignoraban los dos por igual. Jandro, el más guapo de los dos, conducía un Golf viejo de color rojo y mis amigas y yo nos llegamos a aprender la matrícula de memoria. Ahora solo recuerdo que terminaba en “MB”, “porque están “Muy Buenos”, nos reíamos, orgullosas de haber creado una broma que nos parecía tan ingeniosa.
A medida que fui haciéndome mayor, mi diario adoptó un tono más melancólico. A los diecisiete años – era cuando hacíamos COU – yo me creía un alma bohemia. Me obsesioné con escaparme sola a Barcelona a a ver películas en versión original, a poder ser en chino o en iraní. Así nadie se enteraba si me quedaba dormida a la mitad de la peli.
Durante esa etapa también me dio por llevar camisetas negras estampadas con el rostro de Jim Morrisson o Jimmi Hendrix. También llegué a tener camisetas de NOFX y Metallica, bandas que no había escuchado en mi vida. Con Jim Morrisson era diferente. Sabía quién era porque mi padre me hacía escuchar The Doors desde que era una cría. Una de sus costumbres era llegar a casa del trabajo, sacarse la corbata, poner música “de su época” en el tocadiscos y hacernos bailar a mi hermano y a mí en pijama y zapatillas.
-¿A que son buenos? Agh…ahora ya no se hace música como ésta” – gritaba mi padre, tocando una guitarra imaginaria y balanceando el cuerpo hacia delante y hacia atrás, a ritmo de Light my Fire.

La escena se repetía casi cada noche: los Beatles o The Doors sonando a todo volumen por los altavoces del salón, mi madre chillando por el pasillo “la cena está lista” y mi hermano pequeño berreando con un cassette en la mano:
-¡Ahora pon este cassette, papá, pon éste!- chillaba, sujetando en la mano el cassette con su hit favorito: “Please don’t go”.

Y así, mientras yo soñaba con parecer bohemia, mi hermano se volvía “makinero”. “Please don’t go, Please don’t go”, cantaba, poniéndose a bailar en el salón, mientras el jersey del pijama se le iba enrollando hacia arriba, dejando al descubierto su barriga. “Babe, I love you so, aaaah I want yo to know, That I’m going to miss your love
The minute you walk out that door, So please don’t go, Don’t go, Don’t go away”

Que nos devuelvan los 90.

De: “Operación Berenjena”, mi primer libro, nunca publicado.

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la millor crítica fins ara

Encara que no us ho cregueu, no m’agrada l’auto-bombo. Però fa poc un amic periodista em va enviar la millor crítica de la meva novel.la, Lluny de Pequín, que he rebut fins ara. Gràcies, Albert Calls!

Em sembla que ‘Lluny de Pequín’ és una novel·la d’aquelles que sorgeixen de dins l’autor/a per arreglar ‘comptes pendents’, i per tant gaudeix, en aquest sentit, d’una força inusual en el que es troba habitualment al mercat, molt ple de peces per encàrrec i paranoies de tecnòcrates editorials.

La idea principal de fons, que és el coneixement i descobriment de Xina a través de la protagonista, una persona estrangera però alhora amb lligams d’ADN, acosta al lector a entendre el que vol dir estar tan lluny, fora, enmig d’una cultura completament diferent, pero que les circumstàncies del món actual, global i més proper que mai, converteixen en realitat del dia a dia. Hi ha, també, en la novel·la, una certa defensa de l’internacionalisme, crec entendre, que la pàtria va amb les persones i no amb els territoris.

La percepció del món de la premsa, de l’art, de la política… d’un cert ‘mainstream’, amaga, penso també, un to de crítica a la superficialitat d’aquests entorns. Crec que escrivint això hi ha una certa denúncia –sòbria, fina, però denúncia– d’aquest àmbits on hi ha excés d’ego i de mentida i punyalades. A  mi em sembla que la prota busca l’autèntic dins de si mateixa, i està allunyat d’aquesta vida social. I també li passa en les relacions amb els altres.

Narrativament, la història funciona molt bé perquè es van recollint trossos i al final tot s’encaixa, les peces deixades anar s’acoblen.
Els referents literaris i culturals hi són, però tampoc massa barrocs, molt ben posats trobo.

Al final m’ha semblat una novel·la amb un cert toc de ‘modernitat’ que reivindica l’antimodernitat, la recerca de l’autenticitat i que el que valen són les relacions entre les persones, encara que siguin de diferents cultures, més enllà d’una certa hipocresia social.

En fi, no m’enrotllo més i cadascú hi deu veure la seva. 

Serà interessant llegir el teu proper llibre, on segur que ja t’hauràs alliberat dels ‘comptes pendents’ que et deia a l’inici. Imagen